Napoleón
General Clever Alfonso Chávez Marín, médico militar retirado del Ejército Mexicano y presidente de la Asociación Internacional de Historia Militar
Héctor Aguilar Camín
Ernest Renan
En la manera como fuimos desdichados puede haber mayores lecciones que en los momentos que nos hicieron felices, por la sencilla razón de que la conciencia de nuestros límites es más pedagógica que la celebración de nuestros dones.
Héctor Aguilar Camín
Augusto Chacón
Paul Verhaeghen
Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco

Cuando el primer hombre llegó a nuestro país en una fecha interminada fue errante, cazador y recolector, su nivel cultural fue llamado "Complejo Básico": todos los grupos y en todas las zonas geográficas fueron iguales.
Cuando aparece la agricultura vino la sedentarización y la diferenciación de culturas, y hasta 200 años d.C., en el centro de México, floreció la cultura arcaica (su promotor: el Hombre del Pedregal en Cuicuilco), se termina esta cultura cuando hace erupción el volcán Xitle; al mismo tiempo en Veracruz y Tabasco encontramos la cultura olmeca; en Oaxaca florece Monte Albán, es la cultura zapoteca; la cultura arcaica en Michoacán es contemporánea a las anteriores; igualmente en Chiapas encontramos el llamado "Complejo Pre-Maya".
Del año 200 al 600 d.C., al terminarse la cultura arcaica, los sobrevivientes de la erupción del Xitle se refugian en el mismo Centro de México y construyen Teotihuacán, y contemporánea a ésta, en Veracruz y Tabasco se inicia la cultura totonaca en "El Tajín"; en Oaxaca continúa la cultura zapoteca en Monte Albán, y en Yucatán y Chiapas el florecimiento del llamado Viejo Imperio Maya en las ciudades de Palenque y Bonampak; por último. en el occidente de México sigue la cultura tarasca, pero ya evolucionada.
Del año 600 al 900 d.C., en el centro del país es la decadencia de Teotihuacán y en Veracruz y Tabasco sigue la cultura totonaca en El Tajín, en Oaxaca continúa la cultura zapoteca en la misma ciudad y en Chiapas las ciudades del Viejo Imperio Maya (Palenque y Bonampak) están en decadencia, en Michoacán continúa la cultura tarasca. A este periodo de 600 a 900 años d.C., las culturas son llamadas "de culturas locales".
Del año 900 a 1521 d.C., al ser destruida Teotihuacán, los sobrevivientes fundan en el mismo centro de México la ciudad de Tula, o Tollán, es la cultura tolteca, pero cuando es quemada la ciudad, se inicia la etapa chichimeca y las tribus nahuatlacas y cuando al último llegan los aztecas, se funda Tenochtitlán, que florece hasta la llegada de los españoles que la conquistan en 1521.
En Veracruz continúan los totonacas, pero ahora en Cempoala; en Oaxaca sigue la cultura zapoteca en Monte Albán y una parte de Mitla. Contemporáneas a estas ciudades, en Yucatán florecen las ciudades del Nuevo Imperio Maya: Chichén Itzá, Uxmal, y en el occidente de México continúan los tarascos.
Con la llegada de los españoles termina la época precortesiana y se inicia, al ser conquistada Tenochtitlán, la época colonial.
Adolfo Martínez López
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 16 de junio de 2008).

Ya establecidos, su desarrollo y progreso fue tal que como verdaderas oleadas irradió su cultura y adelanto por gran parte del territorio mexicano, extendiéndose además por Guatemala, Honduras, Costa Rica y El Salvador, en donde las manifestaciones culturales son evidentes e inconfundibles, notándose en el calendario, en la agricultura, en los ritos religiosos, en las construcciones y en el arte. En México, las ciudades de Teotihuacán, Monte Albán, El Tajín y las ciudades del llamado Viejo Imperio Maya son sus hijas, por eso a esta cultura los historiadores le llaman "una cultura madre", como la denominó originalmente el historiador Alfonso Caso.
Desgraciadamente de este grupo humano se desconoce su idioma, tampoco se sabe cuántos eran ni su parentesco con otras tribus de México y tan misteriosa o ignorada manera como llegaron así se extinguieron en los tiempos históricos; después de más de cinco siglos de la conquista de México por los españoles y que el mestizaje es evidente, del pueblo olmeca no se sabe qué idioma utilizó, no dejó escritura y del pueblo olmeca ni un sólo representante quedó, no hay olmecas en México ni en ningún país donde ejercieron su influencia y sólo se conservan en todo el mundo en museos, en colecciones privadas y galerías de arte, ejemplares de una cultura que fue de escultores que así como tallaron enormes bloques de 30 toneladas de peso que han sido la admiración del mundo, pulieron finísimas estatuillas de jade que demuestran que fueron los más grandes lapidarios de piedras preciosas, superando, inclusive, a los mayas en este arte.
Este desconocimiento o ignorancia del origen y antigüedad de este pueblo se ve más acentuado porque no existió ningún cronista primitivo que narrara o hiciera referencia a ellos.
Adolfo Martínez López
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 20 de septiembre de 2004).

Adolfo Martínez López
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 10 de octubre de 2005).

"Es como si me hubieras dicho que no existen los Reyes Magos", ironizó, y permitió explicar mejor lo que se quiso decir.
"Pues me choca tu realismo", reprochó, porque "fue traumático lo del cascajo..."
Le alivió se cambiara por de tepetate lo del recubrimiento, "suena menos violento", cedió, pero clavó esta sugerencia: "No mates las ilusiones, Marín..."
Jamás ha sido el propósito; el problema es que las cosas son como son.
Generoso, Joaquín remató: "Si aquellos hombres hubieran escuchado a Marín, jamás se habrían sentido dioses ante la grandeza de Teotihuacan..."
Carlos Marín
(v.primera plana del periódico Público del 16 de enero de 2009).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.periódico Público del 16 de septiembre de 2005).

El común denominador de los mexicanos son los mestizos, con una minoría de blancos puros y de indígenas puros. Hablamos el español, pero la historia oficial ha exaltado constantemente lo indígena y ha denigrado todo lo que sea español. Nos ha puesto como modelos y paradigmas de nuestra conducta a los que perdieron, por lo tanto somos hijos de perdedores e inclinados a encontrar en la derrota el heroísmo.
Y así nos han hecho olvidar la otra parte de la que procedemos, la de los vencedores. Tal vez ejercieron violencia e injusticias, pero fueron grandes héroes y sus hazañas están escritas en la historia universal.
Todo lo que sucedió en los tiempos de la Colonia se ignora absolutamente; sin embargo hoy, en México, lo que más se presume a los turistas son principalmente 2 cosas: las pirámides pre colombinas y los edificios y construcciones coloniales.
Recórranse las calles y plazas de las ciudades grandes o pequeñas del país, y se encontrarán muchos monumentos en honor de los caudillos indígenas, pero ninguno en honor a los conquistadores como Hernán Cortés, y Pedro de Alvarado, no se les consideran héroes y no forman parte de nuestra honrosa historia, ni siquiera se recuerda a los grandes virreyes que gobernaron bien e hicieron progresar al país en esa época.
En una visita que realicé a Perú, me sorprendió ver en la plaza mayor de Lima una grandiosa estatua ecuestre de Francisco Pizarro, el conquistador del Imperio Inca...
Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, arzobispo de Guadalajara
(v.pág.2A de Ocho Columnas del 15 de septiembre de 2003).

Sin matices, la disyuntiva entre lo blanco y lo negro hizo que el nacionalismo del priato denostara al general Porfirio Díaz (dictador, afrancesado, represor), pero lo honrara como "coronel", por su papel heroico en la guerra contra la intervención francesa en La Carbonera.
El investigador Jacques Lafaye, en su Quetzalcóatl y Guadalupe (Fondo de Cultura Económica, 1974) elaboró uno de los ensayos de mayor erudición para el estudio del nacionalismo mexicano.
La nacionalidad nos viene, recuerda, de una mezcla de mentalidad, cultura, mito que tomamos como nación. Sus creadores son el clero y los intelectuales novohispanos: "El fenómeno cultural de la formación de la conciencia mexicana -escribe- es lo que podemos llamar el diálogo de las culturas" y "La identificación del héroe-dios de los indios de México, Quetzalcóatl (la serpiente emplumada), con el apóstol Santo Tomás, evangelizador de las "Indias", ha sido una de las principales vías de redención espiritual y, en consecuencia, de salvación histórica de los indios".
El otro elemento determinante de la nacionalidad mexicana, dice Lafaye, es el fenómeno guadalupano. "Miguel Sánchez (predicador y teólogo) se nos presenta como el verdadero fundador de la patria mexicana". Y analiza las bases exegéticas en que sustentó, a mediados del siglo XVII, la conquista de la Independencia de México (1810-1821) bajo el pendón de la Virgen de Guadalupe. "A partir del día en que los mexicanos aparecieron a sus propios ojos como un pueblo elegido, estuvieron potencialmente emancipados de la tutela española".
En 1648 se publicó la primera historia de las apariciones. Fue escrita por el sacerdote Miguel Sánchez con el título Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en la Ciudad de México, celebrada en su historia por la profecía del capítulo doce del Apocalipsis.
A la vez que dio a conocer la versión de las apariciones (presumiblemente basado en los exvotos que ya para entonces había en el santuario y en su amistad con el vicario de la ermita, Luis Lasso de la Vega), hizo lo que se conoce como exégesis alegórica y simbólica de la Virgen de Guadalupe, de tal forma que propone al de México como el pueblo escogido por Dios a través de la Virgen María, en sustitución del pueblo judío que "traicionó" a Jesucristo.
La Virgen de Guadalupe, así, vendría a ser la expresión plástica de la mujer del Apocalipsis (una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza).
En su exégesis, Miguel Sánchez admite no haber encontrado los documentos que esperaba para llenar el hueco de 117 años que lo separaban de 1531. Seis meses después del libro de Sánchez, el vicario de la ermita, Lasso de la Vega, publicó el relato que conocemos sobre las apariciones en lengua náhuatl, afirmando (éste sí) apoyarse en manuscritos indígenas. A su versión se le conoce con el título Nican Mopohua. En esta obra se cita, por primera vez, a un indio llamado Juan Diego.
Carlos Marín, periodista
(v.pág.26 del periódico Público del 12 de diciembre de 2000).

El doctor Rodolfo Acuña, al frente del estudio, aseguró que las principales responsables del fenómeno fueron enfermedades "muy particulares" con "un origen muy oscuro" y que nada tenían que ver con la viruela, el sarampión o la peste, traídas por los españoles.
Acuña, patólogo y doctor por la Universidad de Harvard, consideró, asimismo, que la hipótesis original ha sido sostenida durante años por ser "la más cómoda para la ideología nacionalista (mexicana), que la estableció como verdadera, como parte de la historia".
El trabajo del especialista en los últimos años ha consistido en desenterrar de los archivos históricos de ciudades y edificios religiosos mexicanos datos acerca de las enfermedades que a lo largo de la historia han afectado a la población local.
"Hemos acudido a la información primaria, en lugar de hacerle caso a lo establecido por los estudios al respecto, que principalmente tuvieron lugar a comienzos del siglo XX, en la época de la Revolución Mexicana", apuntó.
"La existencia de estas enfermedades ya se conocía, nosotros simplemente las hemos desenterrado", concretó.
Con su labor ha concluido que 2 fueron las enfermedades más mortíferas para los indígenas, el cocoliztli y el matlazahuatl, y ninguna de ellas tiene un equivalente en la actualidad.
El cocoliztli (que significa "la gran plaga") era una enfermedad letal que provocaba fiebre muy intensa, dolor de cabeza, tórax y abdominal, ansiedad y vómitos.
Los enfermos, que en el 90% de los casos fallecía en 4 o 5 días, se ponían amarillos, comenzaban a enloquecer y les salían úlceras por todo el cuerpo que les hacían sangrar.
Por su parte, el matlazahuatl ("la enfermedad con erupción") también provocaba úlceras, pero era menos letal y menos contagiosa.
La primera epidemia de cocoliztli reportada fue en 1545 y se calcula que, en apenas 3 años, provocó la muerte a entre el 70 y el 80% de la población indígena, que entonces oscilaba entre los 20 y 25 millones, según Acuña.
En total se han contabilizado 12 epidemias de cocoliztli y 12 de matlazahuatl que acabaron aproximadamente con el 90% de los habitantes de la zona.
En sus investigaciones, el doctor Acuña descubrió también que ambas enfermedades afectaban principalmente a los indígenas, a pesar de que tanto la población autóctona como los colonizadores españoles convivían en sus actividades cotidianas en los mercados o el trabajo.
La única diferencia que el doctor encontró entre indígenas y colonizadores y, por tanto, la razón más probable que explica esta situación es que tenían una nutrición diferente.
Otro asunto importante observado es que las epidemias se asocian a importantes cambios climáticos.
Así, el cocoliztli solía producirse 2 años después de períodos de gran sequía, mientras que el matlazahuatl 2 años después de épocas de lluvias.
Estas epidemias, que se extinguieron en el siglo XIX, estuvieron centralizadas principalmente en el altiplano mexicano y guardaban frecuentemente relación con la altitud, de modo que cuanta mayor era más mortalidad había.
Tal y como señaló Acuña, el trabajo de investigación continúa.
(V.Agencia Efe del 20 de febrero de 2009).

Once años después de la Conquista, apareció un intenso brote de sarampión, que los aztecas llamaron tepitonzáhuatl, "pequeña lepra". Después, durante los siglos coloniales, hubo varios brotes de matlázáhuatl, -tabardete o tabardillo-, que los expertos consideran que fue el tifus exantemático. Después, en 1545 y 1575, apareció el cocoliztle, enfermedad no identificada aún.
En 1576 tal vez la población se vio atacada por varias enfermedades simultáneas, pues los síntomas de los relatos corresponden a cuadros clínicos diversos: se ha pensado en influenza hemorrágica, en fiebre amarilla, en icteroespiroquetosis, infecciones virales o incluso paludismo, sin descartar la segura aparición del tifus y las tifoideas.
En estas líneas no cabe la enumeración de otras epidemias, pero no se puede omitir la ya mencionada de viruela, que trajo un esclavo negro de Pánfilo de Narváez. El sitio y la caída de México-Tenochtitlan muy bien se comparan a las de Troya, por su dramatismo: la viruela, las flechas de los tlaxcaltecas y los arcabuces de Hernán Cortés dejaron una ciudad terriblemente desgarrada.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 1o.de mayo de 2009).

Al despuntar el siglo XIX, Carlos IV decidió financiar la expedición filantrópica de Francisco Xavier de Balmis para llevar a las colonias españolas la recién descubierta vacuna contra la viruela.
Durante el periodo colonial, las epidemias de viruela se presentaron en forma cíclica, atacando a las generaciones posteriores del último brote. Se trataba de una enfermedad de patología biológica, al igual que el sarampión, las paperas, la tosferina y la varicela, por lo que mataba por igual a ricos y pobres.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Público del 8 de mayo de 2009).

¿Cómo es posible que en una región que se extiende desde el Río Bravo hasta Tierra de Fuego, básicamente mestiza, se hable de "exterminio del indígena" durante el periodo de la Conquista? Discúlpenme, pero, con excepciones, claro está, y con barbaridades, por supuesto, los españoles -sus antepasados, ya que 90% de la gente en México tiene sangre española- se mezclaron con los indígenas. Esto se debe a que las "Leyes de Indias", iniciadas por Carlos V en 1551, llegaron a proclamar la igualdad frente a la ley de españoles e indígenas.
Pero, aun así, me ha tocado oír la estupidez de que, todo el mestizaje en América Latina fue fruto de violaciones. No señores, no seamos fantasiosos, unas centenas de españoles no dan para fecundar a millones de indígenas: nuestros antepasados españoles pudieron haber sido tiránicos, pero la virilidad tiene sus límites.
Además, yo me pregunto: ¿dónde están los indios en Estados Unidos? y ¿dónde está el mestizaje entre anglosajones e indígenas en las ex colonias británicas? Salvo en contadas ocasiones, éste casi no existió. Allí los indios fueron exterminados o se hallan en reservas. Nadie se mezcló con ellos.
Otro tópico: "Los españoles que vinieron -nunca entendí bien esa expresión, proviniendo de mestizos, en todo caso lo adecuado sería: cuando vinieron nuestros antepasados españoles- fueron todos ex presidiarios o gente que vino por el oro". Yo no dudo que entre la reata que se embarcó a "hacer las Américas", así se decía y se dice en España, hubiera habido de todo. Me consta que ladrones, violadores y tiranos, no faltaron. Lo que dicho entre hispanos me parece muy auto-flagelante es que se olvide, gracias a la "leyenda negra", inventada por Gran Bretaña y continuada por Estados Unidos en la "Doctrina Monroe", a la multitud de gente valiosa que cruzó el charco, o aspectos tales como que, la primera Universidad fundada en América fue la Universidad Autónoma de México (1553), cuando Harvard (1663), icono del poderío cultural gringo, no estaba ni en la mente de los bisabuelos rancheros de sus fundadores. Además de eso, desde el primer momento, afloraron por toda la hispanidad: colegios, seminarios, y otros centros educativos: ¿creen ustedes que éstos estaban dirigidos y fundados por y para ladrones?
Miguel Rumayor, doctor en Educación
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 14 de octubre de 2004).

"Y ahora que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, [los indios] también la llaman Tonatzin [...]; parece ésta una invención satánica, para ocultar la idolatría bajo la equivocación de ese nombre Tonatzin, y los indios vienen de muy lejos, tan lejos como antes, la cual devoción es también sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias a Nuestra Señora y no van a ellas, y vienen de lejanas tierras a esta Tonatzin, como antiguamente".
Cuando los franciscanos quisieron detener el culto por las mismas razones que fray Bernardino, jamás mencionaron apariciones ni estampado milagroso.
Fue así porque en el primer siglo después de la Conquista sólo se decía que la imagen hacía milagros y eso era ya suficiente para indignar el celo franciscano. Así que el martes 8 de septiembre de 1556, fiesta de la natividad de la Virgen, el provincial de los franciscanos, fray Francisco de Bustamante, en implacable sermón ante el virrey don Luis de Velasco y la Real Audiencia, condenó el culto.
Uno de los testigos relata así el momento: La cabeza de los franciscanos en la Nueva España manifestó que estaba obligado a denunciar como perniciosa la devoción "que la gente de la ciudad ha tomado en una ermita y casa de Nuestra Señora que han titulado de Guadalupe". Se refirió a los muchos trabajos pasados por los evangelizadores para dar a entender a los indios que no creyesen en imágenes, pues eran de piedra y palo, "y venir a decirle ahora a los naturales que una imagen pintada ayer por un indio llamado Marcos hacía milagros, era sembrar gran confusión y deshacer lo bueno que se había plantado".
En 1556, como puede observarse, todavía nadie se atrevía a decir que la imagen era de aparición milagrosa, pues vivía el pintor, Marcos Cipac de Aquino. Se afirmaba que "hacía milagros", lo cual ya resultaba escandaloso para los buenos frailes que tantos esfuerzos habían pasado para que los indios dejaran de venerar sus imágenes paganas, sólo para descubrir horrorizados que ahora veneraban otras,
Pero hay un testimonio, si bien indirecto, del principal testigo del portento: fray Juan de Zumárraga, primer obispo y primer arzobispo de México. Recordemos la leyenda piadosa (como la llamaría fray Servando Teresa de Mier 200 años después): el obispo no cree en las apariciones y pide una prueba. La Virgen le indica a Juan Diego que corte unas rosas y se las lleve al obispo. Cuando las muestra, comienza a dibujarse el milagro ante los ojos atónitos del obispo.
Pero fray Juan de Zumárraga, que mantenía abundante correspondencia con sus tías y primos, nunca les habló del más grande milagro ocurrido sobre este planeta. El obispo, tan cuidadoso en asentar los gastos y acontecimientos diarios, nunca anotó que había visto un milagro... Peor aún: publicó un catecismo. titulado Regla Cristiana, donde se lee: "¿Por qué ya no ocurren milagros? Porque piensa el redentor del mundo que ya no son menester"... recordó que Herodes durante el juicio a Jesucristo, le ofreció una salida honorable: si era en verdad Dios podía realizan ante todos un milagro y con eso salvarse. Así que previene fray Juan de Zumárraga, el testigo principal del milagro guadalupano según la leyenda piadosa escrita un siglo después por Miguel Sánchez: "No queráis, como Herodes, ver milagros y novedades por que no quedéis sin respuesta: lo que Dios pide y quiere son vidas milagrosas, cristianas, humildes, pacientes y caritativas, porque la vida perfecta de un cristiano es continuado milagro en la tierra".
Luis González de Alba
(v.pág.7 de la sección "Cultura y Tendencias" del periódico Público del 10 de diciembre de 2001).

Luis González de Alba
(v.pág.30 del periódico Público del 14 de diciembre de 2008).

Decidido a impedirla, publicó la carta en que, años antes, el historiador Joaquín García Icazbalceta había manifestado al arzobispo de México, Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos, que no había fundamento histórico en el relato de las apariciones de la Virgen de Guadalupe.
En 1890 el historiador Francisco del Paso y Troncoso reveló que la pintura que se veneraba en el Tepeyac tenía un autor conocido en su tiempo: el Indio Marcos.
Pero los preparativos de la coronación siguieron adelante. En septiembre de 1895, la efigie fue devuelta al santuario del Tepeyac, del que había sido sacada durante la remodelación del lugar, con vistas a la ceremonia coronante.
El día de la reapertura del santuario, los fieles notan que ha desaparecido de la imagen la corona dorada que ceñía su frente desde tiempo inmemorial.
Los canónigos del Tepeyac protestan por la supresión. Acusan al responsable de las fiestas, monseñor José Antonio Plancarte y Labastida, sobrino del arzobispo Labastida y Dávalos, y artífice, con su tío, del renacimiento guadalupano, de haber comisionado a Salomé Piña, un reconocido pintor de la época, para que retirara la corona.
Plancarte reúne a un grupo de testigos y los hace jurar ante notario público que "no existía ninguna corona en ella ni había traza alguna de que la hubiere habido". (Todo el relato en David Brading: La virgen de Guadalupe. Taurus, 2002, cap.12).
Años más tarde, en su lecho de muerte, el discípulo de Salomé Piña, Rafael Aguirre, confiesa que Plancarte había llevado al pintor para que borrara los últimos rastros de la corona, pues se estaba decolorando y no podía aquello suceder en una imagen de origen divino.
Finalmente, el 12 de octubre de 1895, con la asistencia de 22 obispos mexicanos, 14 estadunidenses y otros tres de Quebec, La Habana y Panamá, se lleva a cabo en la Ciudad de México la Coronación de la Virgen de Guadalupe como Reina y Madre de México.
La Coronación de Guadalupe marca el renacimiento público de la Iglesia mexicana, luego de los adversos tiempos de la reforma liberal. Por primera vez en casi medio siglo, los obispos vuelven a hablar en nombre del pueblo de México.
Héctor Aguilar Camín
(v.pág.4 del periódico Público del 14 de diciembre de 2007).

Lo dice porque no lo vio y le molestaba, como al provincial de los franciscanos, fray Francisco de Bustamante, que se atribuyeran milagros a la imagen (no que se hubiera aparecido, lo cual nadie creyó a lo largo de todo el primer siglo). Fray Francisco sostuvo, ante el virrey y la Real Audiencia, que, luego de los muchos trabajos pasados por los evangelizadores para que los indios no creyesen en imágenes, pues eran de piedra y palo, "venir ahora a decirles que una imagen pintada ayer por un indio llamado Marcos hacía milagros, era sembrar gran confusión y deshacer lo bueno que se había plantado".
El expediente con este sermón del provincial de los franciscanos estuvo perdido durante casi 3 siglos. La primera noticia de su existencia se tuvo en 1846. En 1871 lo leyó García Icazbalceta, escribió al arzobispo Labastida que sus dudas se habían vuelto certezas, y le rogó que el manuscrito no se presentara a otros ojos ni pasara a otras manos. Pero él mismo lo había dado a conocer a sus amigos: Francisco Sosa, Francisco del Paso y Troncoso, José María Vigil, Luis González Obregón.
Cuando al fin se coronó la imagen en 1895, el obispo de Tamaulipas, Eduardo Sánchez Camacho, renunció a su diócesis por considerar que el culto guadalupano "constituye un abuso en perjuicio de un pueblo crédulo y en su mayoría ignorante".
Los mitos sobre el origen divino de la imagen se habían tambaleado ante el solo análisis estético: resultaba infame que Dios pintara en el estilo de los conquistadores: la Guadalupana es claramente de estilo general europeo, tiene un medallón idéntico al de la Virgen de la Merced; lleva armiño en los puños, símbolo de los reyes en Europa y animalito que no existía en América. Es gótico español.
Por último: se conoce de qué está hecha la imagen. En La tilma de Juan Diego, ¿técnica o milagro? de Philip Serna Callahan y Jody Brant Smith, traducido por el padre Faustino Cervantes (promotor de la canonización de Juan Diego) y recomendado por la Basílica, se lee: la orla del manto es de oro y se está desprendiendo, el fondo es yeso y está cuarteado; el moño negro, la luna y el cabello del ángel, de óxido de hierro, están agrietados y cayendo; el ángel está pintado al temple; los rayos dorados, al fresco.
Luis González de Alba
(v.pág.33 del periódico Público del 16 de diciembre de 2007).

Comienza por un análisis que cualquiera puede hacer, hasta frente a una fotografía: el estilístico. Es una imagen gótica, con reminiscencias todavía bizantinas e influencia flamenca: un estilo muy rebasado ya por el pleno Renacimiento que se vivía desde 1500. El medallón del cuello es idéntico al de una imagen catalana, los hombros son desproporcionados, enormes; el pliegue de la rodilla no puede, anatómicamente, estar donde está; el ángel travieso que le mira los calzones es obra todavía peor en cuanto a su absoluta falta de proporciones y pésima calidad de dibujo; el pliegue sobre el que el ángel pone sus manecitas deformitas parece un cartón encimado y tiene una raya negra sin sentido alguno, obra de quien ni pintor era.
Y más: el bordado de la túnica rosa no sigue los pliegues, error que no habría cometido ni el peor de los pintores medievales; la orla dorada del manto azul fue colocada por manos tan inexpertas que en varios lugares dejó descubierta la guía de carboncillo negro.
Luego viene el análisis infrarrojo: el fondo es yeso y está resquebrajado, la orla del manto es hoja de oro y ya se cayó casi toda, la luna es nitrato de plata que, como todo fotógrafo sabe, se pone negro con la luz, por eso la luna, que algún sacristán muy bestia quiso pintar plateada, es negra; las manos están recortadas con gruesos e infantiles brochazos negros para hacerlas más pequeñas e "indias", los puntas de los dedos originales se ven a la luz infrarroja. También la corona, cubierta en 1895.
Luis González de Alba
(v.pág.27 del periódico Público del 26 de julio de 2009).

David A.Brading
La Canonización de Juan Diego (FCE y CIDE, 2009).

Explica después cómo se obtuvieron los títulos de propiedad después de la conquista, cómo las "mercedes reales", las "caballerías" y las "peonías", pues lo más próximo a propiedad que había, después de las de los nobles, era la posesión colectiva representada por el "calpulli" que era un grupo patriarcal de varias familias, y varios "calpulli" formaban una villa o pueblo.
Quienes atentaron contra este tipo ya único de propiedad de los pueblos indígenas fueron quienes con las leyes de reforma, la de Desamortización o Ley Lerdo, que negaba derecho de propiedad a toda persona moral, quitó(sic) las tierras colectivas de estos pueblos y con ellas surgirían las haciendas en el centro y sur de México.
(V.pág 17A de Ocho Columnas del 29 de marzo de 2001).

Carlos Marín, periodista
(v.pág.24 del periódico Público del 24 de enero de 2003).

"Luego, según se sabe de algunas fuentes, Isabel se casó por propia voluntad con Juan Cano de Saavedra, y sus descendientes proceden de los dos últimos matrimonios. El rey de España reconoció entonces una gran parte de la capital (de la Nueva España) como propiedad de Isabel. Pero como los conquistadores se instalaron allí, se le prometió a Isabel que se le harían pagos en concepto de compensaciones, que rápidamente se convirtieron en una deuda gigantesca. Tan sólo del pago de los intereses podían vivir sin preocupaciones los descendientes de Isabel en México y los que se trasladaron a la península ibérica", dice el texto de la agencia alemana de noticias DPA.
"Cuando en 1821 México se independizó, el nuevo Estado asumió los compromisos de la antigua colonia española y con ello también las pensiones de Moctezuma".
Aquella pensión anual consistía en cinco mil 258 pesos oro para disfrute de los dizque "nobles" mestizos (en todo caso, y sólo en el arranque, medio "nobles", porque los maridos eran hijos de vecino), productos de los arrumacos, las fajezas y ternujes de Ichcaxóchitl o Isabel con Pedro Gallego y Juan de Saavedra.
"A finales de 1933, el presidente Abelardo Rodríguez declaró nula la deuda y entonces cesaron los pagos a los Miravalle en España (y los Acosta en México). Como poco después irrumpió la Guerra Civil en España y México nunca reconoció la dictadura de Franco (1939-1975), los Miravalle no volvieron a reclamar sus derechos hasta 1991. Lo que nadie ha calculado es a cuánto dinero equivalen las pensiones en la actualidad".
La tercera en discordia por los genes de Moctezuma, Blanca Barragán Moctezuma, opinó que lo de la pensión -equivalente hoy a 90 mil dólares al año-, "era un dinero fácil que generó una bola de flojos".
Carlos Marín, periodista
(v.pág.22 del periódico Público del 26 de agosto de 2003).

Fue la primera comunicación comercial de la historia del Nuevo Mundo, durante más de 250 años continuos. Los barcos que integraban la flota, tardaban de 3 a 7 meses en hacer el viaje desde las costas filipinas a las mexicanas, y a veces cuando se presentaban contratiempos -piratas, ciclones, etc.-, tardaban hasta 10 meses en hacer la travesía
Las escalas de los barcos a lo largo del litoral mexicano, iban dejando las mercancías asiáticas en San José del Cabo, Baja California, en Bahía de Banderas, hoy Puerto Vallarta y Santiago, hoy Puerto de Manzanillo, hasta llegar a Acapulco.
Estos galeones procedentes de Filipinas (genéricamente conocidos como "La Nao de China"), fueron en ese tiempo la base de un importante comercio de importación y exportación, que se inició en el siglo XVI (1565) y se prolongó hasta el Siglo XVIII, cuando el último galeón llamado "El Magallanes", partió en marzo de 1815 hacia Oriente, dando por concluida así toda una era marina, la cual fue la más antigua línea de navegación en el mundo.
Adolfo Martínez López
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 20 de febrero de 2006).

Norberto Alvarez Romo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 25 de noviembre de 2008).

Su majestad católica Carlos IV, heredero de aquel imperio en que no se ponía el sol, sobrevivía ahora muerto de miedo: su anhelo era imitar a los reyes de Portugal que habían emigrado a Brasil para salvar el pellejo. Carlos IV hizo lo imposible por emigrar a México, donde esperaba ser recibido con todos los honores.
El 19 de marzo de 1808, el rey Carlos IV abdicó la Corona en su hijo Fernando VII. Todo esto después de muy variados incidentes en toda España. En Aranjuez, los españoles veían azorados cómo pasaban carros y carretas rumbo a Sevilla y sus puertos: el rey amontonaba sus tesoros para embarcarlos a México a donde luego se embarcaría él. Un personaje clave en la política española era el símbolo del descontento popular: el ministro Godoy, amante de la reina.
Todo eso ocurría con gran satisfacción de Napoleón Bonaparte y de su cuñado, el mariscal Murat, quienes veían cómo la infeliz y decadente monarquía española se desprestigiaba y se descomponía cada día más. Ni el invasor francés ni el rey de España sospechaban que todo el desorden de la península repercutía inmensamente en el mundo de las colonias y que estas muy pronto aprovecharían todo esto para lanzar sus luchas de independencia.
Las proclamas de Miguel Hidalgo en 1810, "¡Viva Fernando VII!", nos muestra que el buen cura no tenía idea de lo que decía, o mejor dicho, confirman que en México poco se sabía de lo que ocurría en la Madre Patria y que los bisabuelos de nuestros tatarabuelos, en aquel 1808, muy poco conocían a las personas que ocupaban el trono que en un tiempo ocuparon Isabel de Castilla, Carlos V o Felipe II: los Borbones de 1808 eran el remedo de los monarcas de la España de los tiempos dorados.
Vista a distancia, nuestra historia mexicana surrealista resulta hija legítima de la de la vieja España, aunque en su decadencia más vergonzosa.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Público del 4 de abril de 2008).

Primo de Verdad estaba muy de acuerdo con Vitoria, Suárez y Alegre; pero su compañero de ayuntamiento, Azcárate, tenía sus diferencias: había que explicar quién era el pueblo y qué era eso de "voz común". Para él la soberanía recaía en una sociedad ya constituida, organizada en estamentos con distintos derechos y representada legítimamente por los cuerpos de gobierno establecidos. Por la ausencia o impedimento del rey "reside la soberanía, representada, en todo el reino y las clases que lo forman, y con más particularidad en los tribunales superiores que lo gobiernan, administran justicia y en los cuerpos que llevan la voz pública". Con todas estas ideas, los gachupines del Ayuntamiento afirman que el nombramiento del virrey corresponde al reino "representado por sus tribunales y cuerpos, y esta metrópoli como su cabeza".
Otro criollo ilustrado en México, el peruano fray Melchor de Talamantes propone la creación de un congreso como primer paso para lograr la independencia. Después, en una sesión memorable, Primo de Verdad sostiene que la soberanía recayó en el pueblo. El 15 de septiembre de 1808, un grupo de conspiradores, dirigidos por Gabriel del Yermo, rico hacendado español, y secundado por dependientes de las grandes casas de comercio, da un golpe de Estado. Prenden y destituyen al virrey Iturrigaray y convocan a la Real Audiencia, que nombra nuevo virrey a Pedro Garibay, títere de los gachupines. Poco después, Primo Verdad, Azcárate y fray Melchor de Talamantes van a prisión. El licenciado Verdad muere "misteriosamente" en la cárcel.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.24 del periódico Público del 12 de septiembre de 2003).

En 1522, recién consumada la Conquista, se establece en la ciudad de México, capital del virreinato, el primer ayuntamiento metropolitano y en 1524 la primera escuela de artes y oficios; en ese mismo año, el conquistador Hernán Cortés funda el primer hospital, el de Jesús; en 1532 se funda la primera institución hospitalaria y de beneficiencia social y de 1532 a 1539, el obispo fray Juan de Zumárraga funda los colegios de Santa Cruz de Tlatelolco y de San Juan de Letrán, para niñas indígenas, y establece la primera imprenta: en 1542; se funda la primera casa de moneda y se acuñan las primeras monedas; en 1551 el mismo fray Juan de Zumárraga promueve y funda la Real y Pontificia Universidad de México; en 1557 se descubre la técnica para beneficiar metales por la amalgamación y se hace el descubrimiento del vanadio; en 1565, Urdaneta y López de Legazpi conquistan las Filipinas sin disparar ni un solo tiro, habiendo partido de las costas de Jalisco, esto representó la apertura de las rutas marítimas al Oriente y su forma de regresar, lo que se consideraba imposible por las características del mar Pacífico; a propósito de esto, cabe aclarar que el galeón de Manila o la Nao de China, ha sido la única línea de navegación en el mundo que prestó servicios durante dos siglos sin interrupción. Algunas de estas naves, como la Santísima Trinidad, desplazaban hasta dos mil toneladas y eran los barcos más grandes en aquella época. En 1590 se estableció el primer correo postal; en 1722 nació el primer periódico: la Gaceta de México, del doctor Juan Ignacio María de Castorena y Ursúa; la creación del primer ejército permanente fue en 1765 bajo el virreinato del marqués de Croix; en 1775, don Pedro Romero de Terreros, primer conde de Regla, fundó en la ciudad de México el Monte de Piedad, aunque cabe decir que no fue el primero de América, y en 1782 comenzó a funcionar, ya con carácter de nacional, el Banco de San Carlos, establecido por don Martín de Mayorga, 47o. Virrey de la Nueva España; para 1783 se funda la primera escuela de minas y ese mismo año la primera escuela de bellas artes.
Se efectuaron innumerables expediciones marítimas de investigación oceanográfica, geográfica y militar hasta Alaska y las Aleutianas y la instalación para la construcción y reparación de naves era lo más común. Nuestros marinos eran expertos en batirse tanto contra los piratas que asolaban nuestras costas por ambos mares como contra filibusteros y naves de otras nacionalidades, especialmente la francesa y la inglesa. En 1788 nuestra flota desalojó, tras de una batalla en Kodiak, a la escuadra rusa, que merodeaba por Alaska, porque esto era peligroso para las Californias. Nuestra escuadra partió de San Blas, Nayarit, entonces Séptimo Cantón de Jalisco, bajo el virreinato del segundo conde de Revillagigedo.
Por la gran riqueza de la Nueva España, obtenida principalmente por la explotación de nuestras prolijas minas, el thaler, que era la moneda de Carlos V, circulaba por todo el mundo conocido de entonces y se dio el lujo de ceder su lugar y hasta inspirar su nombre al dólar estadounidense.
Jorge Rosainz de Unda
(v.pág.10A de Ocho Columnas del 3 de octubre de 2004).

La Consolidación disponía que una serie de obras e instituciones se desprendieran del dinero líquido y de los bienes raíces y capitales de inversión que poseían y los depositaran en la Tesorería Real.
Los regidores del ayuntamiento de la ciudad de México expresaron su consternación y amargura ante el peligro que vislumbraban y afirmaron que los resultados de la Consolidación serían "tan funestos y sensibles que faltarán lágrimas a la posteridad para llorarlos". Los mineros hablaban de "la triste y dolorosa citación que se iba a presentar". Los labradores y comerciantes de Valladolid (Morelia) dijeron que la Consolidación atentaba contra la agricultura, la industria y el comercio. Fue este el primer movimiento masivo contra la corona y permitió que fueran surgiendo líderes que posteriormente encabezarían la Guerra de Independencia.
A principios de 1808 era notoria la descapitalización de la mayoría de las instituciones eclesiásticas, educativas, de salud y de beneficencia. Muchas jovencitas ya no podían casarse porque se habían perdido los fondos para otorgarles dotes, y muchísimas viudas acabaron en la miseria. Los deudores comprendían a todos los sectores de la población, desde personas con muy modestos ingresos hasta miembros de la más adinerada sociedad. Era claro que la Consolidación se había planteado como un recurso recaudatorio y no con una finalidad social.
Uno de los personajes que más se opuso a la política financiera de la corona fue el obispo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo. Este personaje ha pasado a la historia como uno de los peores malvados porque excomulgó después a su amigo Miguel Hidalgo; aunque técnicamente no lo excomulgó, sino que lo hizo caer en la cuenta de que, al apresar a clérigos, había incurrido en excomunión. "Pequeño" detalle en el que nadie repara. Abad y Queipo había hecho representaciones a la corona sobre el lamentable estado de indios y campesinos. Había propuesto la abolición de tributos a favor de los indios y las castas y el reparto de tierras de la corona. Fue el más encarnizado opositor a la Consolidación y no es extraño que en El Bajío, que serían las tierras de su obispado, surgiera con más fuerza el movimiento de la independencia, aunque él en lo personal no fue partidario de esa separación. Años después, al regresar al trono Fernando VII, se le consideró una persona peligrosa y, bajo la acusación de haber sido amigo de Hidalgo y haber contribuido al movimiento de independencia, le hicieron un proceso inquisitorial y lo recluyeron en un convento de España, donde el pobre murió abandonado de todos.
Los especialistas han analizado muy cuidadosamente las causas de la Guerra de Independencia, pero nadie podrá negar que una razón muy poderosa fue haber afectado fuertemente en bolsillo de los campesinos y de los terratenientes.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.19 del periódico Público del 29 de febrero de 2008).

A fines del siglo XVII, la producción de metales preciosos era de casi 20 millones de pesos y en 1808 llegó al apogeo histórico de 122 millones. Desde 1730 se había iniciado la modernización de la Casa de Moneda, que aceleró la producción de plata, y para 1808 esa institución contaba con casi 500 empleados y podía acuñar más de 30 millones de pesos al año. Ante el descontento de los criollos, los mineros y los comerciantes eran en su mayoría peninsulares. Si bien los hacendados eran en su mayoría nacidos en América, los comerciantes procedían de las provincias vascongadas, Santander, Cataluña y Asturias. Las prácticas monopólicas del gremio les permitían acumular cuantiosas fortunas. Tuvieron la inteligencia de ir emparentando con los hacendados, y se fue tejiendo una red de alianzas familiares entre los grandes propietarios de la tierra, los mineros y los comerciantes, de suerte que la élite económica de la Nueva España fue siendo de los gachupines.
En los criollos se fue formando la persuasión de la injusticia de que los fuereños, gachupines, fueran los amos de la riqueza de estas tierras, cuyos nativos eran los sirvientes de los de fuera. Criollos y mestizos iban formando la idea de que la madre no era España, madrastra, sino aquella de la que Benedicto XIV, al ver la imagen de la Guadalupana, expresó: "No hizo nada igual con ninguna otra nación". De ahí brotó en buena parte el orgullo religioso criollo.
En 1790, José Ignacio Bartolache escribió un Opúsculo Guadalupano, en el que afirmaba que la tela en que se imprimió la imagen no era el ayate de Juan Diego, sino la capa del apóstol Santo Tomás. Luego Ignacio Borunda afirmó que la piedra del Calendario Azteca representaba en jeroglíficos la fundación de México-Tenochtitlan por Quetazalcóatl y Santo Tomás. Poco después, fray Servando Teresa de Mier trató de fundamentar esa idea que la Iglesia Católica mexicana no aprobó, y el entusiasta fraile fue condenado por la Inquisición y enviado al exilio en España, donde permaneció por muchos años.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.19 del periódico Público del 14 de marzo de 2008).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 2 de junio de 2004).

Roberta Garza
(v.pág.19 del periódico Público del 16 de septiembre de 2003).

Los únicos testimonios sobre el supuesto "grito" son de dos soldados, ya ochentones y 60 años después, hacia 1870. Pedro José Sotelo atestiguó que en la madrugada del 16 de Septiembre de 1810 don Miguel invitó a la lucha: "Se trata de quitarnos este yugo [del gobierno de los gachupines], haciéndonos independientes... Viva Nuestra Señora de Guadalupe, viva la independencia". A su vez, Pedro García, al referirse a la primera arenga de Hidalgo, pone en sus labios estas palabras: "Mis amigos y compatriotas: no existe ya para nosotros ni el rey ni los tribunales... Llegó el momento de la emancipación... ¡Viva pues la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la América por la cual vamos a combatir!". Pero son testimonios de dos ochentones y después de 60 años en momentos en que México fomentaba el nacionalismo. Don Carlos Herrejón, tal vez el experto número uno en Hidalgo, duda mucho de la validez de estos testimonios. ("Hidalgo y la Nación", en Relaciones, El Colegio de Michoacán, número 99, verano 2004, volumen XXV, páginas 257 a 285).
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 19 de septiembre de 2008).

Un mito es que Guadalajara era pro-independiente, porque a la llegada de Hidalgo el pueblo sale a recibirlo. Pero esa misma gente sale a darle la bienvenida a Calleja cuanto toma Guadalajara; lo único que buscaban era no afectar sus intereses y negociaban con cualquier grupo.
Jaime Olveda, investigador de El Colegio de Jalisco
(v.pág.7-B del periódico El Informador del 4 de marzo de 2008).

Remito al lector curioso a la apasionante Historia de México de Lucas Alamán : parte primera, libro II, capítulo II, donde narra la toma de la alhóndiga de Guanajuato: nunca existió el tal Pípila, con el que nuestros maestros de Historia Patria nos hacían llorar de emoción.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 26 de septiembre de 2003).

Hidalgo y después Morelos no eran liberales en cuestiones religiosas. De hecho, en sus múltiples manifiestos, apoyaban la idea de una nación intolerante en materia de cultos. Pero Hidalgo habría utilizado la imagen de la Virgen, sabiendo que en esa época era un símbolo capaz de arrastrar a las masas de indígenas y campesinos en su lucha. "Al pasar por el santuario de Atotonilco, Hidalgo, que hasta entonces no tenía plan ni idea determinada sobre el modo de dirigir la revolución, vio casualmente en la sacristía un cuadro de la Virgen de Guadalupe, y creyendo que le sería útil apoyar su empresa en la devoción tan general a aquella santa imagen, lo hizo suspender en la hasta de una lanza, y vino a ser desde entonces el 'lábaro', o bandera de su ejército." En suma, que el problema de Hidalgo, para los conservadores por lo menos, no fue defender a la Iglesia de la usurpación anticlerical francesa, ni utilizar un símbolo religioso, sino haberlo hecho para alcanzar, por medio de la violencia revolucionaria, la Independencia de México. Es por ello que, para todos efectos prácticos, resulta hasta cierto punto irrelevante si Hidalgo y Morelos fueron sacerdotes. Lo importante es que, ciertamente ayudados por el peso de la simbología religiosa, condujeron una lucha que trascendía los posibles objetivos religiosos (la lucha contra los franceses portadores de las ideas de la revolución y por lo tanto enemigos de la Iglesia) y que eventualmente culminaría con la independencia de la nación mexicana, a pesar de la propia Iglesia, que en su momento hizo todo lo posible para frenarla.
Roberto Blancarte
(v.pág.19 del periódico Público del 16 de septiembre de 2003).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 31 de octubre de 2003).

Juan Ignacio Zavala
(v.pág.13 del periódico Público del 14 de septiembre de 2008).

Olveda recopila 9 testimonios que coinciden en que la batalla representa el fin del periodo de Hidalgo, es la lucha más importante y con mayor número de combatientes (100,000 insurgentes contra 6,000 realistas) y fallecieron más de 1,400, "en un terreno que quedó incendiado, con cadáveres calcinados y con un olor fétido" El historiador señala que "este libro va a ser muy importante", porque recoge 2 partes militares del general Calleja (del ejército realista), los textos de Carlos María de Bustamante, Lucas Alamán, Mariano Torrente (historiador español), José María Luis Mora, Manuel Orozco Iberra, Mariano Otero y Julio Zárate, además de documentos del Archivo General de la Nación que "nunca habían sido estudiados".
El investigador de El Colegio de Jalisco cuestiona cómo pudieron haber muerto tan pocas personas en un combate que duró seis horas y con un ejército tan numeroso. "El asunto es que los insurgentes no están bien armados y no entran todos a la batalla, solo pelean 14,000, el resto se queda a los lados viendo la batalla. Además, tenían 100 cañones que estaban en malas condiciones, porque casi la mitad los trajeron cargando desde San Blas y se rompieron las coruñas, lo que no permitía que la puntería estuviera afinada; así que, aunque parece de risa, la artillería no causó daños. Lo que quiero resaltar es que es una guerra rústica, no solo ésta, sino todas las de la primera etapa de la Independencia, pues los ejércitos están armados con piedras, ésas son sus armas, como lo hacían en Europa en la Edad Media".
¿Por qué pierden los insurgentes a pesar de la superioridad numérica? Existen 2 razones, la indisciplina militar y que Allende cometió un "grave" error. "Se decía que era un soldado de carrera, pero es una idea exagerada, porque no tenía experiencia en dirigir a ejércitos tan numerosos".
Entonces, lo que sucedió es que durante la lucha da la orden de disparar 40 cañones al mismo tiempo, pero no matan a la gente, pegan a un lado, se incendia el zacate y como el viento está en contra de los insurgentes, se corre el fuego hacia ellos. Además, cayó una granada realista que estalló en los insurgentes. Todo eso generó el caos y los más de 80,000 que estaban a los lados corren y se van".
Sin embargo, la Batalla de Calderón no fue una derrota, porque solo murieron 1,400 de un ejército de más de 80,000. "No hay aniquilamiento, el ejército huye, pero no queda vencido, a menos que partamos de la frase 'el que corre pierde', pero yo creo que para triunfar hay que eliminar a la contraparte y eso no sucedió. Más bien, Calleja propagó esa idea para que el pueblo creyera que la revolución ya se había acabado".
"Es indispensable tener un conocimiento sobre el significado de la batalla" para verla en su justa dimensión, así como para diluir algunos mitos que se heredan de la historiografía del siglo XIX. "Tenemos que explicarla de otra manera y en el estudio introductorio hablo de los 4 enfrentamientos de Hidalgo. Siento la Batalla de Calderón la más importante desde cualquier punto de vista (militar, estratégico, político)".
A partir de este combate, los insurgentes aprenden que no pueden combatir con tanta gente y los contingentes se reducen, lo que rebela que "Hidalgo estaba equivocado, porque creía que el número era clave para la batalla".
Asimismo, los insurgentes comprenden la importancia de la estrategia militar y los realistas que necesitan la participación de los mismos españoles en la batalla, porque "Calleja siempre se quejó de que los españoles que vivían aquí no apoyaban ni militar ni económicamente, les dejaban toda la responsabilidad, los llama egoístas y que ven con indiferencia todo".
Añade que posteriormente, a partir de Morelos, "se ve otra organización militar, otro modo de combatir y otra estrategia militar; nos hemos preguntado si leyeron algún manual militar tanto los insurgentes como los realistas".
(V.pág.7-B del periódico El Informador del 8 de abril de 2008).

La tesis calvinista de la predestinación y del destino manifiesto, según la cual los pueblos prósperos son hijos de Dios y los pueblos atrasados son hijos del Diablo, sirvió de base para que los conquistadores puritanos casi acabaran con los pieles rojas; evidentes "hijos del Diablo" cuya cabellera tuvo precio como la piel de cualquier animal.
Los sobrevivientes fueron relegados a campos de lenta extinción llamados discretamente "reservaciones". Y junto a este genocidio que nadie lamenta, suenan sospechosas tantas quejas contra la Conquista española que civilizó pueblos en vez de exterminarlos, que dejó al indio sobre sus tierras y le dio nuevos cultivos, que cruzó su sangre con él en vez de rehuirlo como a hijo del Diablo y le dio su técnica, su idioma y le enseñó su religión.
José Ramírez Rubio
(v.pág 11/A de El Occidental del 20 de octubre de 2002).

A la salida de Díaz, la matanza de nuevo. Y sobre ella, un nuevo régimen. Los sonorenses, ganadores de la guerra civil, inician sin embargo con un acuerdo escrito por otros, por Carranza y secuaces. Optan entonces por no hacer mayor caso de lo escrito, y México sigue, como en toda su existencia, dependiendo de reglas nunca escritas, por lo que el poder sólo existe para los que las conocen e interpretan. Ochenta años después, México es un país conformado por personas que, al socializarse, aprenden que el poder está concentrado, que las reglas no se escriben, que las decisiones las toman otros, y que la resposabilidad es de otros. Claro que el régimen de la Revolución fortaleció esa construcción social, pero esto ocurrió porque había buenas raíces. Desde el "acátese, pero no se cumpla" hasta "el que no transa no avanza", no hay mayor evolución. Si al final del siglo XVIII México tenía todos los requisitos materiales para ser una potencia, en la parte sociopolítica, en las definiciones verdaderamente importantes para el largo plazo, no teníamos nada que hacer. Hoy, al inicio del siglo XXI, nuestro poder material es significativamente menor (a pesar del petróleo), y no hemos podido corregir nuestros defectos sociales y políticos.
Macario Schettino
(v.pág 11 de Ocho Columnas del 25 de marzo de 2002).

Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.24 del periódico Público del 28 de septiembre de 2001).

En 1921, sacrílegamente, como exclama patéticamente don Nemesio García Naranjo, su nombre fue arrancado y proscrito de la Cámara de Diputados. Después, siendo presidente de la República el general Manuel Avila Camacho, oficialmente se ordenó la mutilación de nuestro Himno Nacional, al suprimir las estrofas en las que Francisco González Bocanegra cantó patriótica y justicieramente a Iturbide. Y finalmente, en la época del presidente López Mateos, se dejó caer sobre el 27 de septiembre y sobre la memoria de Iturbide, todo el peso de la armazón del negocio de la luz para borrar su nombre, su recuerdo y sus hazañas de los anales de la historia.
Ismael Flores Hernández
(v.pág.13A del periódico Ocho Columnas del 30 de septiembre de 2001).

Once años después, el 27 de septiembre de 1821, un hábil negociador y el convencimiento, hasta de muchos españoles residentes en la Nueva España, de que la independencia era necesaria, sellaron los tratados por los que el nuevo virrey, Juan O'Donojú, sin haber tomado siquiera posesión de su cargo, reconocía la independencia del nuevo país y, además, se unía a la junta de gobierno encargada de organizar la cosa pública. Pero los mexicanos jamás hemos sentido simpatía por el triunfo, y menos por los triunfadores, así que hundimos en el olvido al virrey O'Donojú y a Agustín de Iturbide, que firmaron la independencia sin un balazo.
Los métodos del cura Hidalgo una década antes habían conseguido el efecto contrario: partidarios de la independencia, como el obispo Abad y Queipo, acabaron condenando los crímenes sin sentido de una turba que, escasa y sin armas, podía sin embargo hacer un gran daño a la pujante economía que había hecho del peso mexicano moneda de cambio en el mundo entero.
Luis González de Alba
(v.pág.19 del periódico Público del 17 de septiembre de 2007).

Los siguientes gobiernos, ensalzados de la Revolución, hicieron poco caso a la fecha real, verdadera y oficial de nuestra separación de España; por lo que seguimos celebrando más bien la fecha 11 años antes, so pretexto de que entonces inició el proceso de conseguirla con "el Grito" de don Miguel Hidalgo y Costilla (olvidando que más bien inició su protesta para que las tropas de Napoleón reinstalaran al desposeído rey de España, pues ese día no buscaba la independencia de un México que no existía, sino de una España desvaneciente).
Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de septiembre de 2007).

Después del Plan de Ayutla, levantamientos militares y de la caída de Santa Anna, llegan los liberales que imponen una nueva Constitución, la de 1857, que provocó una guerra que duró nada menos que tres años... una guerra civil sangrienta que desgarró ciudades y hogares de todo el país, sobre todo en el centro y en el occidente. Lo peor fue que tres conservadores radicales, muy "aventados" se lanzaron a la aventura del Segundo Imperio, porque Gutiérrez de Estrada, Hidalgo y Juan Nepomuceno Almonte, hijo de Morelos, maquinaron y cocinaron la traída de Maximiliano: desafortunada experiencia que traería también grandes tragedias al país...
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 18 de mayo de 2001).

El 22 de febrero de 1819 se firmó el Tratado Transcontinental que fijó la frontera en los señalamientos naturales de los ríos Sabinas, Rojo y Arkansas, y el paralelo 42, que serviría de frontera norte al Pacífico.
El tratado fue otro triunfo para nuestro vecino. Obtuvieron la salida al gran mar del sur y definieron la fórmula que desde entonces emplearon para ampliar su territorio. La que emplearon en Texas y luego en La Mesilla. Primero invadían. Luego simulaban un pago.
Pablo Marentes
(v.pág 15A de Ocho Columnas del 14 de septiembre de 2001).

Observemos cuántos años han ondeado otras banderas soberanamente sobre esas tierras. La nacional de las Estrellas y las Franjas fue establecida por el Congreso Federal el 14 de junio de 1777 (Hernán Cortés había usado en la conquista de México una con 12 estrellas); es decir, lleva poco más de doscientos años de existencia. En cuanto a la inglesa, si aceptamos como fecha inicial la de 1586, en que Walter Raleigh estableció su "colonia perdida" en la isla de Roanoke, en el estado de Virginia, concluiremos que ondeó tan sólo ciento noventa y siete años en el país en que tan marcada impronta dejó. Los franceses puede decirse que comenzaron su presencia en estos territorios con las exploraciones del padre Marquette y Louis Joliet en 1672, pero dado que se marcharon en 1763, al ceder la Louisiana por el Tratado de París, no llegaron a permanecer un siglo con poderes soberanos.
Si paramos mientes en la real y concreta permanencia española en cada uno de los distintos sectores de la Unión, podemos vaticinar más de una sorpresa. Los españoles abandonaron su establecimiento permanente de Carolina del Sur en 1587, y las últimas misiones desaparecieron de Georgia en 1703. Dominaron en Florida hasta el 17 de julio de 1821, en que el general Jackson tomó posesión del sector occidental. De Alabama partieron el 13 de abril de 1813, cuando el mismo Jackson tomó la ciudad de Mobile. España poseyó los extensos territorios de la Louisiana prácticamente desde 1763 a 1803. En todo los territorios de la Baja Louisiana tuvo lugar la cesión de la soberanía española el 30 de noviembre de 1803, en tanto que en lo que toca a los de la Alta Louisiana, es decir, Missouri, Iowa, Minnesota y todos los situados al oeste, la soberanía fue cedida el 9 de marzo de 1804, con la excepción de Arizona, Colorado, Utah y Nuevo México, donde España permaneció hasta fines de 1821. En California no fue arriada la bandera española hasta 1822, y en Texas el primero de julio de 1821.
Puede que Colón haya nacido italiano, pero fue para España, como lo relatan sus propios diarios de navegación y memorias personales -que no escribió en italiano sno en español- que como español adoptivo y con españoles abrió este continente a una presencia europea.
Noticias del Mundo, Nueva York
(v.pág 8A de Ocho Columnas del 21 de noviembre de 2001).

Nuestro país tiene la historia más grandiosa de América pero también la más triste, al despojarnos de nuestro territorio del norte desde el río Sabina hasta la latitud 42, explorada y colonizada 300 años antes de este robo; todos los ríos, montañas, valles, desiertos, planicies, bahías, lagos, cabos, pantanos, pueblos y estados ya tenían nombre y dueño: México y sus colonos; todas estas historias estadunidenses de la conquista del Medio Oeste son pura basura. Es mejor comprar un buen libro de historia de México y leer cómo el gobierno de Estados Unidos premeditó, con alevosía y ventaja, despojarnos de 2.5 millones de kilómetros cuadrados; y leer y recordar a los exploradores desde Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Francisco Vázquez de Coronado, fray Marcos de Niza, fray Juan de Padilla, Melchor Díaz, Hernando de Alvarado, entre muchos otros; así como a los del Pacífico: Vizcaíno, Urdaneta, Hernando de Soto, Malaspina, Alvaro de Saavedra, Hernán Cortés, etcétera; y a todos los que murieron defendiendo y colonizando nuestra patria.
J. Mauricio Ochoa del Toro en "Correo"
(v.pág.4 del periódico Público del 2 de abril de 2004).

Durante el sitio de esta antigua misión española, El Alamo, que duró 10 días, Santa Anna les brindó a los filibusteros numerosas oportunidades de que se rindieran, cosa que éstos no aceptaron: mas no por heroísmo, sino porque creían (equivocadamente) que un ejército superior de "texians" venía a rescatarlos.
Los rebeldes adentro de El Alamo eran menos de 185 personas, y el día de su toma no había adentro del fortín ni mujeres ni niños.
Los levantiscos habían previamente prestado juramento solemne prometiendo ser fieles y leales súbditos de México. Juramento que obviamente violaron al rebelarse contra su gobierno (lo cual explica se les haya aplicado la pena de muerte automática al ser derrotados).
El "sitio" de El Alamo no fue ninguna gran batalla: la batalla en sí duró menos de 50 minutos, comenzó al amanecer del seis de marzo de 1836, y para las ocho de la mañana Santa Anna ya estaba desayunando adentro del fortín.
Nunca se dio interacción heroica alguna entre Santa Anna y el "supermán" norteamericano Davy Crockett.
El gobierno de los Estados Unidos, a través de su secretario de Guerra, William Seward, estuvo financiando y tramando con los "texians" el despojo del que fuera territorio mexicano.
Manuel J. Jáuregui
(v.pág.6A del periódico Mural del 12 de abril de 2004).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.24 del periódico Público del 28 de enero de 2005).

España enfrascada en la guerra de independencia conra los insurgentes había descuidado los territorios al norte del Río Bravo, poco antes había vendido la Florida a EU que en 1804 adquirieron de Francia el extenso territorio de Louisiana con el que doblaron prácticamente su extensión territorial y así poco a poco empezaron a conformar el gigantesco imperio que es en la actualidad cumpliendo cabalmente con el plan maestro conocido como el Destino Manifiesto.
A lo largo de 180 años de relación diplomática, México y EU no las han traído todas consigo y son muchos los agravios que en ese largo periodo nos han hecho los vecinos, especialmente la injusta guerra de 1846-1848 en la que le arrebataron a México por la fuerza más de la mitad de su territorio original. La guerra se originó por la pretensión del presidente Arista de recobrar el territorio de Texas que a la sazón se había convertido en una "República" con un tratado con EU de ayuda recíproca que comprendía la solidaridad en caso de guerra. La invasión norteamericana fue en dos frentes: por el noreste y por el puerto de Veracruz.
La guerra terminó con el indignante tratado de Guadalupe Hidalgo, población aledaña a la Ciudad de México y por el cual México vendía a EU no sólo el territorio de Texas sino los de Nuevo México, Arizona y la alta California. Este tratado contó con la desaprobación de sólo tres diputados federales uno de los cuales fue el glorioso jurisconsulto jalisciense Mariano Otero.
Consumado este despojo con el eufemismo de una venta, (no hay noticia de que siquiera se haya pagado la cantidad pactada), las relaciones continuaron entre dos vecinos y como dice Alan Riding en la primer[a] línea de su libro "Vecinos distantes", Mortiz Planeta, probablemente no exista en ninguna parte del mundo una frontera tan disímbola como la que hay entre México y EU: de aquel lado la organización, la eficacia, de éste la misera y todo lo que la misma conlleva.
En efecto las relaciones en estos 180 años han sido a veces cordiales, pero siempre regidas por el puño de acero de los estadounidenses, que en 1914 volvieron a invadir México por Veracruz y en 1916 sin ningún permiso penetró una fuerza expedicionaria para buscar a Francisco Villa que poco antes había arrasado Columbus, Nuevo México. Fue varios meses después de haber fracasado en este intento cuando se le notificó al presidente Carranza y el premio de no haber encontrado a Villa fue el mando de la fuerza expedicionaria norteamericana en la Primera Guerra Mundial al célebre general John J. Pershing.
Alejandro Ruiz Juárez
(v.pág 7/A de El Occidental del 30 de noviembre de 2003).

Basta recordar al primer embajador de ese país en México, al nefasto Joel R.Poinsett, quien desde antes de su nombramiento y en calidad de simple agente especial (agosto 1822-enero 1823) trata de corromper e intimidar al emperador Agustín de Iturbide para cambiar los límites fronterizos hasta el punto logrado años después mediante la invasión (1847). O sea que desde siempre nos han querido perjudicar.
En valioso documento elaborado por la Secretaría de Relaciones Exteriores acerca de todos los embajadores norteamericanos en nuestro país se señala que: "Las instrucciones dadas al embajador Nicholas Philiph Trist el 15 de abril de 1847, mostraban un proyecto de paz elaborado de antemano por Washington, según su propia conveniencia, donde se resucitaban todos los viejos planes para el trazo de una nueva frontera". Es decir. Todavía no llegaban a Jalapa y ya traían hechos los planes de paz y los mapas con los nuevos límites -de los territorios que se robarían- ¿Si eso no es maldad, premeditación, alevosía y ventaja, qué es entonces? (En el nombre del Destino Manifiesto, S.R.E. México 1998, pág. 47).
Ha sido tal esta política de desprecio hacia nuestro pueblo, que al año siguiente (1848) el nuevo embajador Ambrose H.Sevier hace pública su opinión y simpatía con el movimiento "Todo México", ya que no veía "mayor dificultad en civilizar y gobernar a la masa de mexicanos"; para eso proponía reducirlos a reservaciones (Ibid, pág. 51).
Manuel Hernández Gómez
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 31 de diciembre de 2005).

Poinsset, desde su primer día en México y desde que Victoria asumió la presidencia, se empeñó en ir borrando la influencia europea, y muy en especial la española, en la naciente nación mexicana. Un ejemplo es la carta que escribió a su amigo Rufus King, ministro en Londres: "Con el propósito de contrarrestar la acción del partido fanático en esta ciudad, y si fuera posible difundir en grado mayor los principios liberales entre quienes han de gobernar a este país, inicié y ayudé a cierto número de personas respetables [...] a formar una gran logia de masones yorkinos". De modo que los vecinos del norte anunciaban ya su determinación de querer gobernar nuestro país.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 19 de enero de 2007).

El señor Thoreau puso el ejemplo a quienes quisieran seguirle, al anunciar al gobierno del presidente Polk, su negativa a sufragar los impuestos correspondientes, por lo que el fisco lo encarceló.
Ya en la cárcel recibió la visita de un amigo quien más o menos le dijo: "No concibo que estés en la cárcel por lo que consideras una injusticia", a lo que Thoreau le respondió en el acto: "Lo que no concibo yo es que no estés tú en la cárcel cuando el gobierno injusto ha convertido esta celda en el único lugar al que pueden aspirar las personas decentes".
Juan de la Borbolla R., catedrático universitario
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de septiembre de 2006).

El hombre al que habían apoyado once legislaturas tuvo que huir a Estados Unidos, mientras que al candidato que habían apoyado sólo ocho era el presidente de la república. No se cayó el sistema: el asunto fue más terminante: cayó el presidente electo y subió el candidato derrotado.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.24 del periódico Público del 20 de enero de 2006).

Los dos emperadores fueron fusilados: Iturbide habiéndolo sido, y Maximiliano que ceñía aún la corona que le habían concedido no pocos mexicanos. Tres ex presidentes se añadieron a la lista de fusilados: Guerrero, Miramón y Robles Pezuela.
En esos mismos 46 años a que nos referimos, recordemos que su Alteza Serenísima ocupó once veces la presidencia, pero con trabajos sumó seis años en el poder. En 1833 tuvimos 7 presidencias. En 1846, don Nicolás Bravo fue presidente por nueve días: del 28 de julio al 6 de agosto; pero peor le había ido en 1839, en que fue presidente por sólo siete días, del 10 al 17 de julio. José María Bocanegra en 1829, ni siquiera cumplió como presidente los nueve días de las posadas, puesto que ocupó la silla por sólo 5 días: del 18 al 23 de diciembre.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.19 del periódico Público del 9 de enero de 2004).

Sergio A. López Rivera
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de diciembre de 2003).

Bernardo Méndez Lugo
(v.pág 9A de Ocho Columnas del 21 de noviembre de 2001).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 16 de marzo de 2007).





Alberto Betancourt Posada, investigador de la UNAM
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 28 de marzo de 2001).

Jesús González Schmal
(v.pág.11-A del periódico El Occidental del 14 de mayo de 2001).

El héroe, "Benemérito de la patria en grado heroico", ante vergüenza tal, se declaró adepto a la purificación por el fuego. Justo un año después, los franceses derrotaron al Ejército Mexicano, ocupando la ciudad, donde fueron recibidos como héroes al desfilar por las calles bajo una lluvia de flores. Hoy, el estado se llama Puebla de Zaragoza.
Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 28 de noviembre de 2009).

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 17 de enero de 2009).

Carlos Marín
(v.pág.26 del periódico Público del 15 de abril de 2005).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 4 de mayo de 2007).

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico El Siglo de Durango del 2 de abril de 2009).

Consta que en 1849 hubo una ceremonia para recordar a los cadetes caídos y en 1851, en una ceremonia cívica para festejar la independencia, el día 15 en el teatro nacional, el joven Miguel Miramón pronunció un discurso en que recordó a sus compañeros muertos y mencionó sus nombres. Un año después se les comenzó a llamar "niños".
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 13 de septiembre de 2002).

Germán Dehesa
(v.periódico Mural del 6 de octubre de 2005).

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 5 de mayo de 2007).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 16 de octubre de 2009).

Nacho Comonfort se asustó de la Constitución que él mismo había proclamado y se dio, él mismo, un golpe de estado. Para eso buscó apoyo de su compadre Zuloaga, quien en el pueblo de Tacubaya comandaba una poderosa brigada de tropas. Don Nacho desconoció la Constitución confiando en convocar un nuevo Congreso Constituyente. Hablamos del 11 de enero de 1858: los conservadores nombraron presidente de la república a don Félix María.
En honor a la verdad, y de esto tuvieron mucho empeño los liberales en que no se supiera, no se puede omitir el hecho de que don Félix rechazó los ofrecimientos de mister Mclane, representante diplomático de Estados Unidos, de dar reconocimiento oficial del gobierno gringo al presidente conservador a cambio de concesiones territoriales. El gringo despreciado por don Félix se fue entonces a Veracruz, donde estaba el presidente Benito Juárez, a ofrecer, a través de Melchor Ocampo, el mismo trato a los liberales, quienes, como todos sabemos, aceptaron. Así que el rey de burlas y cinco de oros, como lo llamaban los liberales, resultó mucho más digno que el futuro Benemérito de las Américas: paradojas o misterios de la historia, aunque, claro está, la historia oficial nunca lo diga. Menos mal que el Congreso estadunidense no ratificó el Tratado Mclane-Ocampo.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 17 de febrero de 2006).

Eduardo Antonio Parra
(v.pág.54 del periódico Público del 30 de noviembre de 2008).

La Iglesia Católica deroga también la Constitución de 1857 y derroca al gobierno de Comonfort.
Francisco Martín Moreno
(v.pág.8-B del periódico El Informador del 13 de marzo de 2007).

"Cuando en 1850 apareció el cólera en Oaxaca, en forma violenta, segando la vida de los habitantes, don Benito Juárez, quien había sido el más implacable enemigo de la Iglesia, se confesó, comulgó y con los brazos cruzados tomó parte en una procesión pública...". ("Historia de la Iglesia en México". Mariano Cuevas).
Pablo Benito Juárez García, aquél que siendo presidente oficializó, como día de fiesta nacional, el día 12 de diciembre en honor a la Virgen de Guadalupe y que después de que le salvó la vida aquella famosa frase de "los valientes no asesinan", salió huyendo del palacio de Gobierno de Guadalajara, rumbo a Manzanillo, Colima, pero fue alcanzado, de nueva cuenta, en Acatlán, Jalisco -que desde entonces se llama "de Juárez"- por sus enemigos, se refugió, sin lentitud alguna y todo temeroso, en un templo católico del que fue sacado, por un cura de apellido Vargas, en una canasta pizcadora de maíz y burlando, de esta manera, a sus enemigos.
Desde que escaló los primeros puestos de burócrata hasta antes de ser presidente de la República, Juárez manifestó ser siempre católico práctico. Asistía públicamente a procesiones con los brazos en cruz y musitando oraciones tras el Santísimo Sacramento; no sólo eso, exhortaba a los trabajadores de Oaxaca a que hicieran penitencia y se confesaran y comulgaran para implorar el auxilio divino... y se dirigía por escrito a los ayuntamientos oaxaqueños, siendo gobernador, recomendándoles que exigieran a los fieles cristianos el pago exacto a la Iglesia de los diezmos y primicias. ("Las grandes traiciones de Juárez". Celestino Salmerón).
Sigue diciendo Salmerón que: Juárez, con las Leyes de Reforma, ninguna separación de poderes hizo, sometió brutalmente a la Iglesia al poder del Estado, cosa que no es una separación, sino una sumisión de la primera al segundo. Intentó organizar una Iglesia Católica mexicana, una vez que consiguiera separar al clero de la obediencia de los obispos. Para tal objeto, Juárez, en 1859, colmó de poderes al padre Rafael Díaz Martínez para organizar la iglesia deseada, cuyo jefe o papa sería el presidente Juárez. No obstante el sonado fracaso que obtuvo, en 1868 "apareció una Iglesia Mejicana dirigida por un comité laico", teniendo como presidente al licenciado Mariano Zavala, magistrado de la Suprema Corte de Justicia... Juárez no quería ninguna separación de poderes, sino una iglesia sometida a la voluntad y en la que él desempeñara el oficio papal de Enrique VIII o de Isabel de Inglaterra.
Igualmente Juárez hizo educar a sus hijos por sacerdotes católicos y, como dato anexo, cuando su secretario, el cubano Pedro Santacilia, quiso casarse con su hija, solamente por lo civil, Juárez rechazó la proposición diciendo: "Mi hija es una joven decente y el matrimonio civil es un contrato de burdel". ("Historia de la Iglesia en México". Mariano Cuevas).
Se dice que Juárez, antes de morir pedía, desesperadamente, un sacerdote para confesión. Igualmente se dice que, sus compañeros de ideología... se lo negaron.
El Tratado de Tránsito y Comercio entre los Estados Unidos y México, suscrito por Robert McLane, Ministro de los Estados Unidos, en México, y Melchor Ocampo, Ministro de Relaciones Exteriores de México, en Veracruz, el 14 de Diciembre de 1859... fue un negocio propio para obtener el reconocimiento de los Estados Unidos como Presidente de México sin importarle vender la soberanía de la patria. Por ello, y otras cosas, además, don Ignacio Ramírez, "El Nigromante", el jueves 13 de julio de 1871 y en el periódico liberal, "El Mensajero", escribió: "Juárez, el más despreciable de nuestros personajes":
Pero, don Justo Sierra, su defensor ardientísimo, igualmente escribe en "Juárez, su obra y su tiempo" (Editorial Latino-Americana, S.A. pp 206 y 207): "el tratado o pseudo tratado MacLane-Ocampo, no es defendible; todos cuantos lo han refutado, lo han refutado bien; casi siempre han tenido razón y formidablemente contra él. Estudiándolo hace la impresión de un pacto, no entre dos potencias iguales, sino entre una potencia dominante y otra sirviente; es una constitución de una servidumbre interminable."
Pero, igualmente, don Francisco Bulnes, jacobino y liberal es, quizás, el más honrado de los escritores y quien mejor ha desenmarañado el tratado, dice: "...es ante todo un pacto intervencionista de intervenciones continuas, desde el momento en que se encomienda al gobierno de los Estados Unidos, cuidar a perpetuidad de la conservación de la paz en Méjico, con lo que Méjico quedaba sin soberanía, sin honor y sin una piltrafa de vergüenza".
"...Desde su primer artículo hasta el último es un modelo de crimen político, de indignidad y de desprecio para el decoro de la nación e integridad de su territorio..." ("Juárez y las revoluciones de Ayutla y de Reforma". Francisco Bulnes. Primera edición, México 1906, pp 485 y 462). Bulnes, según su juicio, dictamina de que Juárez, aparte de ser traidor, es inepto.
Por último, Juárez permaneció quince años en el poder sin que ni una sola vez la nación lo eligiera...
Lucio Vázquez, médico
(v.pág.5 del periódico El Informador del 23 de diciembre de 2000).

Eduardo Antonio Parra
(v.pág.54 del periódico Público del 30 de noviembre de 2008).

Juan Alberto Vázquez
(v.pág.42 del periódico Público del 28 de enero de 2007).

Constancio Hernández Allende, historiador, miembro de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 22 de marzo de 2005).

Manuel Hernández Gómez
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de marzo de 2006).


Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.la pág.4-A dle periódico El Informador del 5 de enero de 2008).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 31 de marzo de 2006).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.16 del periódico Público del 3 de junio de 2007).

Los verdaderos obstáculos al desarrollo -estructuras, instituciones y costumbres- que frenaban la economía mercantil no fueron removidos, pues la consumación de la Independencia llegó como un golpe de Estado conservador, instrumentado por la elite criolla y la Iglesia. Ambas se opusieron tenazmente a los cambios institucionales necesarios para liberar las fuerzas políticas y económicas asfixiadas por la Colonia, impulsadas primero por la misma metrópoli española buscando detener la decadencia del imperio; y después, por distintas corrientes de las fuerzas insurgentes triunfadoras.
El costo económico de setenta años de luchas entre conservadores y liberales, la resistencia de la oligarquía, las intervenciones extranjeras, retrasaron el progreso durante todo el periodo agravados por la agreste geografía de México que imponía obstáculos insuperables a la constitución de un mercado único.
Estados Unidos aprovechó a su favor la Revolución Industrial y gracias a los ferrocarriles, construidos durante el decenio de 1830, integró el mercado interno más grande del mundo. En la guerra civil de Secesión destruyó el último obstáculo para el desarrollo capitalista, la esclavitud. Exactamente por las mismas fechas en que México reconstruía su agroindustria sobre la base del trabajo semiesclavo de peones acasillados en las haciendas porfirianas.
Alberto Carrillo Armenta
(v.pág.19 del periódico Público del 3 de diciembre de 2002).

En jornadas de leyendas se convirtieron las matanzas de indios para conquistar el Oeste. Para obtener los frutos de la tierra y las riquezas de las minas, hacían falta miles, cientos de miles de brazos laboriosos. La solución no era compatible con cuestiones de índole moral, y sin escrúpulos promovieron un nuevo y lucrativo negocio: el tráfico y subasta de esclavos.
El cultivo del algodón y del tabaco en aquellas superficies vírgenes al sureste de la naciente República, hizo muy ricos a los agricultores que pronto se convirtieron en una aristocracia del campo; en una casta cuya jerarquía o categoría se calculaba por el tamaño del afrancesado frontispicio de su residencia.
Todo funcionó bien, hasta que el presidente Lincoln, hombre de sólida formación evangélica, quien además estaba presionado por la insaciable demanda de mano de obra para el desarrollo industrial del norte, determinó abolir la esclavitud. La aristocracia del Sur se sublevó y perdió la guerra, pero en cuanto se pudo lo mataron.
El camino que recorrieron muchos inmigrantes ha sido muy pesado, duro y sangriento, particularmente para los procedentes de Africa que jamás eligieron vivir en esa nación, pero que hechos prisioneros y encadenados, en asquerosas galeras los trasladaron para consumir su existencia en calidad de esclavos.
Hasta hace unos pocos años, muchos adultos todavía tuvimos oportunidad de conocer los crueles actos de discriminación en hoteles, restoranes y camiones en que clara y expresamente se les apartaba. Hace unos 60 años un juez federal dictaminó, por vez primera, que una niña negra debía ser admitida en una escuela pública para alumnos blancos.
Alberto Orozco Romero, licenciado en Derecho y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 19 de febrero de 2007).

Después, los hombres de la Reforma se trasladaban a Nueva Orleans para tener el apoyo de las logias anfictiónicas, hasta llegar a perder la confianza en sí mismos y unos, los conservadores, miraron hacia Europa, y otros, los liberales siguieron mirando hacia el gobierno de Washington.
En el porfiriato, el señor Mariscal, como Embajador en los Estados Unidos, dijo en un discurso en Washington que el águila de nuestro escudo nacional seguía en su vuelo al águila norteamericana que le servía de guía. Cuando el general Díaz se sintió fuerte y quiso gobernar libremente le organizaron la Revolución Mexicana.
Don Francisco I. Madero creyó poder hacer a un lado al embajador Lane Wilson y éste le preparó la rebelión con el Plan de la Embajada que dio por resultado su caída y su ulterior asesinato. Al general Victoriano Huerta no le fue mejor, pues el nuevo embajador, John Lind, se convirtió en su enemigo, siguiendo órdenes de su gobierno y le levantaron con su apoyo la Revolución Constitucionalista de Carranza.
Carranza cayó de la preferencia del gobierno de Washington por sus relaciones con Alemania y entonces se apoyó a los de Agua Prieta y para eternizarse en el poder, Obregón tuvo que aceptar los Tratados de Bucareli, para que Calles, con el procónsul, como le decía Vasconcelos, Morrow, estableciera el sistema político mexicano desde 1929.
Editorial
(v.pág 8A de Ocho Columnas del 23 de mayo de 2002).

Conociendo los datos de la injusticia social de entonces, la pregunta es por qué no ocurrió antes. Algunos lo explican por el nivel de conciencia política tan bajo de la gente, al que la Iglesia y la educación paupérrima ayudaban inyectándole con sus prédicas una alta dosis de conformismo y fatalidad. Y, por supuesto, a los modos draconianos del dictador.
Jorge Medina Viedas
(v.pág.17 del periódico Público del 30 de agosto de 2009).


En México, desde los tiempos de la Revolución, el arte de los políticos consiste en madrugarle al que le quiera madrugar a uno. Carranza se ingenió para madrugarle al que pudiera tener la tentación de adelantar los tiempos. Se encargó de eliminar, por la dudas, a la gente que no aspiraba a la silla presidencial, pero que pudiera ser postulada por algún grupo. Así eliminó, en 1919, a dos de los más auténticos y coherentes jefes de aquellos años: nada menos que a Emiliano Zapata y a Felipe Angeles.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.26 del periódico Público del 10 de junio de 2005).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.26 del periódico Público del 28 de marzo de 2003).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.26 del periódico Público del 9 de octubre de 2009).

Lo "curioso" del asunto resultó con el tiempo una descripción del sistema político de Porfirio Díaz en cuanto se consolidó en el poder: se había reelegido 6 veces, había logrado que el congreso fuera fiel servidor. Las leyes llegaban perfectamente hechas al congreso. Díaz, igual que el Benemérito, ponía y quitaba gobernadores y perfeccionó el sistema electoral juarista. Don Porfirio superó también a don Benito en el control de la prensa, que cada día fue siendo incapaz de la menor crítica al señor presidente.
Aquello de emplear a "los defensores de la patria" contra el pueblo lo superó también Díaz como se vio especialmente en la matanza de Tomóchic.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 18 de enero de 2008).

Después de la independencia, durante casi 40 años, sólo Guadalupe Victoria terminó su periodo presidencial: todos los demás subían y bajaban, volvían a subir y volvían a bajar. Su Alteza Serenísima [Antonio López de Santa Anna] ocupó la presidencia once veces.
Luego vinieron el Benemérito [Benito Juárez] y Don Porfirio, quienes encarnaron las presidencias autoritarias y totalitarias, sobre todo Díaz. A don Benito nadie pudo quitarlo de la presidencia y solamente la muerte, que a nadie perdona, lo bajó de la silla.
A don Porfirio tuvieron que bajarlo de la silla con los 30-30 de Panchito Madero, de Pancho Villa y de Pascual Orozco. Llegó después la utopía ingenua de Madero, elegido prácticamente por unanimidad y aclamación: pero Victoriano Huerta lo destronó. Vino luego la comedia de Pedro Lascuráin, quien se sentó en la silla presidencial por menos de una hora para que Huerta la ocupara con una caricatura de legalidad. A Huerta lo bajaron los rifles "güiloteros" de Emiliano Zapata, las hordas carrancistas y obregonistas y los cañones de Villa y Felipe Angeles. A Carranza, primer jefe y luego dizque presidente "electo", lo bajaron también a balazos los forajidos de Herrero, lambiscones de Obregón, quién, para darse también apariencias de legitimidad, puso interinamente a su paisano Fito de la Huerta, mientra el "Manco de Celaya" se afilaba la mano que le quedaba. Después Alvaro liquidó a Fito para que subiera Plutarco... Ya para terminar la presidencia de Elías Calles, Obregón se reeligió, después de liquidar a sus posibles oponentes; pero León Toral se encargó de que la silla presidencial quedara vacía. Llegaron luego los presidentes peleles: Portes Gil, el "Nopalito" y Abelardo Rodríguez: en realidad la presidencia de esos tres presidentes no la ocupaba el presidente, sino Calles "el Jefe Máximo de la Revolución", que vivía frente a Chapultepec. Por eso, alguien grafiteó las paredes del castillo:
"aquí vive el presidente
el que manda vive enfrente"...
Con Lázaro Cárdenas, quien desterró a Calles, se creó un presidencialismo muy peculiar que con sus matices imperó desde Avila Camacho hasta De la Madrid. Lázaro Cárdenas subordinó a los antojos presidenciales el joven partido oficial y transformó al PNR en el PRM, al que dio fuerza de aplanadora con la creación de la CTM y las bases campesinas, halagadas con la reforma agraria, creó la CNOP para aglutinar a la burocracia y a infinidad de grupos pequeños. Si bien Calles fundó el partido oficial, Cárdenas fue el que le dio la fuerza, organización y cohesión que lo mantuvo en el poder por muchos años.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.16 del periódico Público del 12 de enero de 2001).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.26 del periódico Público del 22 de julio de 2005).

Los constituyentes de 1917 se acordaron de sus bisabuelos de 1857: para evitar más presidentes absolutistas como Porfirio Díaz, le dieron muchos poderes al Legislativo. Sin embargo resultó que los presidentes posteriores a la Constitución se la pasaron por el arco del triunfo, porque don Venustiano, Obregón y Calles tuvieron curiosamente congresos cortesanos y lambiscones, como Juárez y Díaz. La historia posterior del partido oficial, del PRI, todos la conocemos: de 1930 a 1994 o 1988, no se recuerda ninguna ley propuesta por presidentes o gobernadores que haya sido rechazada.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.17 del periódico Público del 26 de enero de 2001).

En esos años, lo primero que hizo Comonfort fue acabar con las garantías individuales antes de dar un golpe de estado que precipitó la confrontación y la guerra de la Reforma, o de los Tres Años, de 1857 a 1861.
Años de guerra que agotaron y empobrecieron más al país que tuvo que suspender los pagos de su deuda externa y Napoleón III, ni tardo ni perezoso, decidió cobrársela a lo chino y por eso mandó a su ejército para abrirle cancha a Maximiliano para que fungiera como emperador, al tiempo que Juárez mantenía la Presidencia en una berlina, mientras recorría todo el país. Hubo 2 gobiernos en paralelo hasta que muere Maximiliano fusilado y se prepara el camino para don Porfirio, quien se instaló en la Presidencia durante 31 años, de 1876 a 1911 con breves intermedios, bajo el amparo de un paternalismo integral.
Martín Casillas de Alba
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de abril de 2008).

[Inicia la Guerra de Reforma]. Sin ejército, Juárez recurrió a las guardias nacionales de las entidades federativas para crear las fuerzas liberales con las cuales sostener su mandato. Por su parte, los conservadores contaban con las tropas del antiguo Ejército mexicano, sobreviviente de los tiempos de Santa Anna y de la Guerra del 47, y cuyo pasado, repleto de cuartelazos, se remontaba al Ejército realista, proveedor de la mayoría de los oficiales del instituto armado mexicano de aquellos años. La Guerra de Reforma ensangrentó al país por tres años y por lo mismo se le conoce también como Guerra de los Tres Años. Desgarradora y cruel como todas las guerras; pero, un capítulo más de nuestro surrealismo, en la que Miguel Miramón ganó todas las batallas, menos una, y... perdió la guerra. Don Benito, en enero de 1861, entró triunfante a la capital del país y prometió "amnistía tan amplia como la sana política creyera aconsejarla". La victoria de los liberales en realidad para nada modificaba la situación real del país ni sus problemas endémicos. Conforme a las Leyes de Reforma, los bienes de "manos muertas" pasaron a manos vivas, vivas en extremo, que en nada favorecieron los intereses públicos. Según la Memoria que don Manuel Payno publicó al año siguiente, de los 25 millones de pesos estimados conservadoramente como valor de los bienes de la Iglesia, el gobierno obtuvo de ellos cerca de seis millones de pesos, la quinta parte de su valor real, absolutamente insuficientes para resolver problemas de fondo. Se vendieron más de dos mil fincas eclesiásticas, rústicas y urbanas, y por ese camino se consumó la revolución política de la Reforma, pero la crisis económica se agravó hasta poner en peligro los objetivos de la revolución política.
Terminada la guerra, no había pretexto para no convocar a elecciones: por supuesto que don Benito, igual que González Ortega y Miguel Lerdo ansiaban la silla presidencial. Lerdo murió antes de las elecciones y la votación lo favoreció sobre González Ortega, el vencedor de Miramón.
El 15 de junio de 1861, durante su tercer año como presidente interino, don Benito, triunfante en las elecciones, hizo la protesta como presidente de la República para el periodo 1861-1865. La bancarrota era total, a pesar, como anotamos, del paso de manos muertas a vivas.
El 17 de julio, a 32 días de su toma de protesta, el gobierno tuvo que declararse incapaz de pagar su deuda externa y una semana después las legaciones de Francia e Inglaterra arriaban sus banderas; pero don Benito no podía pagar. Si se había derrochado la riqueza reunida por la Iglesia en 300 años; si para sobrevivir miserablemente tenía el gobierno que expoliar a quienes podía y se dejaban mediante el sistema del préstamo forzoso; si el bandolerismo campeaba a la ancho y a lo largo del país, más valía jugarse el todo por el todo en aquella medida desesperada, de declararse en quiebra, y morir de una vez, llegado el caso, en vez de hundirse poco a poco, como un deudor moroso cualquiera.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Público del 14 de febrero de 2003).

El 31 de octubre, del mismo 1861, los gobiernos de Inglaterra, Francia y España firmaron la convención de Londres para reclamar a México el pago de sus deudas, con la intervención armada de ser necesario. Si se analizan las circunstancias internacionales de esos días, resulta muy claro, respecto a intervenir con las armas, que Inglaterra, en pleno apogeo colonialista, podía, pero no quería; España quería, pero no podía; y Francia quería y podía.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.21 del periódico Público del 23 de enero de 2004).

Iluso, Maximiliano creyó en serio que México lo necesitaba y viajó con todo y Carlota a Chapultepec. Generoso con la indiada, la criolliza y la naquiza, pensó prolongar la receta monárquica heredando el trono a un hijo del ambicioso primer emperador [Iturbide].
Carlos Marín, periodista
(v.pág.26 del periódico Público del 23 de mayo de 2003).

Aunque don Benito anduviera peregrinando con su gobierno por los desiertos norteños, lo cierto era que por todas partes el imperio encontraba oposición, y el infeliz y tarado emperador se hacía el haraquiri al privarse él mismo de sus mejores soldados: envió a Miramón a estudiar táctica militar a Prusia y al más temible, Leonardo Márquez, lo desterró como embajador de México en Constantinopla. Lo que Maximiliano tenía de güero y bien parecido lo tenía, y más, de tonto. Como diría Fuentes Mares, hablando de Panchito Madero, "nadie se salva cuando Dios lo entontece".
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 28 de febrero de 2003).

La Ley Juárez suprimía los fueros ante la justicia, en particular el militar y el eclesiástico. La Ley Lerdo promovía la desamortización, la venta obligada, de los bienes de las corporaciones, como la Iglesia y las comunidades indígenas. La Ley Iglesias prohibió el diezmo obligatorio. A éstas se añadió la Ley de Nacionalización de los Bienes del Clero, la Ley del Matrimonio Civil, la Ley del Registro Civil, la Ley de Exclaustración de Monjas y Frailes y la Ley de Libertad de Cultos.
Nuestros gobernantes han buscado rendir pleitesía a estas leyes y al legado filosófico y jurídico de los liberales del '57, al mismo tiempo que han tomado todas las medidas posibles para traicionar sus principios. La Constitución de 1917, con la creación de un estado poderoso para tutelar a la sociedad, constituye el rechazo más significativo del legado liberal.
A pesar de las reformas de hace 150 años, en México seguimos teniendo un fuero militar, el cual se ha convertido en fuente de abusos de los derechos individuales. La Reforma Agraria y el Ejido establecieron nuevos tipos de propiedad colectiva de la tierra fuera del mercado, con lo que violaron el propósito fundamental de la Ley Lerdo. Si bien la Ley Iglesias prohibió el diezmo, los sindicatos de hoy tienen facultades similares para gravar injustamente los sueldos de los trabajadores. El gobierno actual traiciona abiertamente el principio juarista de no intervención en los asuntos de otros países.
Uno podría aceptar estas posiciones como honestas si nuestros políticos reconocieran su ideología conservadora. Pero se consideran herederos del liberalismo del siglo XIX sólo para impulsar medidas conservadoras.
Los historiadores del régimen nos han querido hacer creer que el liberalismo del siglo XIX era simplemente una corriente anticlerical. Eso es falso. Muchos de los grandes liberales de ese entonces, incluyendo al propio Benito Juárez, vivieron y murieron como católicos. Lo que defendían era la libertad. Peleaban por el derecho a no sufrir una tutela innecesaria del estado, se oponían a las restricciones a la libertad de comercio y de propiedad, exigían la libertad de culto. Los ideólogos de nuestra actual izquierda conservadora afirman que no hay relación entre los liberales del siglo XIX y lo que ellos llaman los neoliberales del siglo XXI. No quieren percatarse de que sus principios son fundamenalmente los mismos.
Las Leyes de Reforma, en su intento pacífico por construir un México de libertades e instituciones, parecen haber sido abandonadas por un régimen panista-priista-perredista que es fundamentalmente conservador.
Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Durango del 31 de diciembre de 2009).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 9 de marzo de 2007).

Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.21 del periódico Público del 30 de enero de 2004).

Si llegar a la presidencia es complicado, mucho más resulta ganarse el respeto de la nación, y don Benito lo fue perdiendo.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 11 de mayo de 2007).

El 26 de junio de 1871 se celebraron las elecciones. Los candidatos eran Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. Después de todo el proceso electoral se declaró la victoria de Juárez. "Ni los mismo juaristas se encuentran satisfechos de la farsa electoral del domingo" escribía Ignacio Ramírez en El Mensajero. Varios periódicos capitalinos señalaban la intromisión del ejército en los comicios. Pero tal vez la mejor editorial es la de Emilio Velasco, en el periódico El Siglo XIX: "A no ser tan profunda nuestra fe en las instituciones, cualquiera habría encontrado en las elecciones motivo suficiente para proclamar que la soberanía del pueblo es el dogma de unos cuantos ilusos, y que la humanidad está condenada a la servidumbre [...] Fue un día lúgubre en la ciudad de México. Por todas partes se encontraba el aparato de la fuerza: las alturas estaban tomadas; las calles de la ciudad eran recorridas por patrullas; el aspecto de la ciudad era el de una plaza amenazada por un formidable enemigo. Ese enemigo era el pueblo, usando los derechos del sufragio". El editorial terminaba dirigiéndose a Juárez: "Habéis caído de vuestro elevado pedestal para confundiros con el vulgo de los hombres; erais el hombre de la ley; sois el hombre de la ambición". El que había "merecido bien de las Américas", como había dicho antes el Congreso de Colombia, era ahora quien tan mal había merecido de la democracia, al grado de que, en noviembre de ese año, su más destacado general en la guerra contra el Imperio lo tachaba de haberse hecho un adicto incurable a la presidencia: "La reelección indefinida, forzosa y violenta del Ejecutivo Federal ha puesto en peligro las instituciones nacionales"; acusaba a Juárez de haber suprimido la soberanía de los estados y la autonomía del Congreso, que había convertido en "una cámara cortesana, obsequiosa y resuelta a seguir siempre los impulsos del Ejecutivo". Lo acusaba también de malos manejos de las rentas federales. Denunciaba que Juárez y su gente: "han relajado todos los resortes de la administración buscando cómplices en lugar de funcionarios pundonorosos. Han derrochado los caudales del pueblo para pagar a los falsificadores del sufragio. Han conculcado la inviolabilidad de la vida humana, convirtiendo en práctica cotidiana asesinatos horrorosos, hasta el grado de ser proverbial la funesta frase de 'ley-fuga'". Luego acusa al Presidente de que al Ejército, creado para defender a la Patria, lo había hecho represor del pueblo. Estos son algunos párrafos del Plan de la Noria, de noviembre de 1871, en que Porfirio Díaz invita a tomar las armas contra su paisano Juárez. El último párrafo del Plan de la Noria es una página más de nuestra historia mexicana surrealista: "Que los patriotas, los sinceros constitucionalistas, los hombres del deber, presten su concurso a la causa de la libertad electoral... Que los mandatarios públicos, reconociendo que sus poderes son limitados, devuelvan honradamente al pueblo elector el depósito de su confianza... y la observancia estricta de la Constitución será verdadera garantía de paz. Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder, y ésta será la última revolución". Firma Porfirio Díaz.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.17 del periódico Público del 6 de febrero de 2004).

Después de derrotar en Tecoac [a] las tropas federales del presidente Lerdo de Tejada, y de una serie de maniobras legales o legaloides, subió a la presidencia a mediados de 1877.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 22 de febrero de 2002).

Sebastián en 1873 derrotó a Manuel Lozada, quien en la sierra de Nayarit había tratado de establecer una especie de gobierno azteca con el náhuatl como lengua oficial.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.24 del periódico Público del 11 de marzo de 2005).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.25 del periódico Público del 4 de abril de 2003).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.24 del periódico Público del 28 de mayo de 2004).

El Ferrocarril Nacional de México y el Ferrocarril Central Mexicano eran las dos empresas en manos extranjeras que utilizaban los 20,000 kilómetros de vías férreas que cubrían el territorio nacional.
Por esas fechas, y desde hacía años, las empresas habían dejado de invertir y no daban mantenimiento a la red ni al equipo. Para colmo, hacían oídos sordos a las quejas de los usuarios, entre los que se contaban los comerciantes.
Los acreedores, entiéndase los poseedores de los bonos, por medio de los cuales habían sido financiadas las obras, ya no recibían puntualmente, y a veces ni siquiera lo recibían, el pago de dividendos.
La maniobra era premeditada para que los grandes monopolios ferrocarrileros norteamericanos compraran las empresas o asumieran su control definitivo, al hacerse cargo de sus deudas.
El presidente Díaz se dio cuenta de la maniobra y no permitió que se consumara.
También sumó los recursos de otras empresas del ramo de menor importancia a las dos principales, para poner en manos del estado, desde 1906, el sistema de trenes del país.
A partir de la revolución triunfante, una de las medidas inmediatas consistió no sólo en congelar el desarrollo ferroviario, sino en tratar de desmantelar los proyectos del régimen porfirista consistentes en ampliarlo y mejorarlo.
Lo que son las vueltas del tiempo, a menos de 100 años de la nacionalización de los ferrocarriles por parte del demonio que a los ojos de sus enemigos fue el presidente Porfirio Díaz, la red está volviendo a manos norteamericanas.
Marcos Arana Cervantes
(v.pág.8-B del periódico El Informador del 21 de marzo de 2005).

Luis González
"El liberalismo triunfante", en Historia general de México, El Colegio de México, tomo 2, p.980).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 6 de julio de 2007).

Era claro, según el libro que el pueblo mexicano estaba harto de la simulación democrática y ansioso de recuperar sus derechos. El chaparrito hacendado coahuilense, hombre bueno y compasivo con sus peones, proponía que el mexicano, de vasallo se transformara en hombre libre: "a los mercaderes y viles aduladores, en hombres útiles a la patria y en celosos defensores de su integridad y de su Constitución". El best seller era un libro mal escrito, con análisis históricos superficiales, en ocasiones se contradecía y en general se expresaba con respeto y aún admiración de Porfirio Díaz; pero, en aquellos años sin crítica política libre, expresaba las inquietudes y preocupaciones de la clase media. Sin duda demostraba patriotismo y sinceridad. Madero no creía en las promesas que había hecho Porfirio Díaz un año antes en la famosa entrevista Díaz-Creelman. Creía en cambio en la capacidad del pueblo para cambiar las cosas. Proponía que se creara un partido antireeleccionista y terminaba con un llamado directo a Porfirio Díaz: "Usted no es capaz de encontrar un sucesor más digno de usted... que la ley". En cualquier otro país el libro apenas habría tenido eco; pero en México, después de años de dictadura y sumisión, fue una verdadera bomba.
Conviene recordar la conclusión 11 que resume las aspiraciones de la propuesta "revolucionaria" del coahuilense: "Cuando el Partido Antireelecionista esté vigorosamente organizado, será muy conveniente que procure una transacción con el General Díaz para fusionar las candidaturas, de modo que el General Díaz siguiera de Presidente, pero el Vicepresidente y parte de las Cámaras y de los Gobernadores de los Estados, serían del Partido Antireeleccionista. Sobre todo, se estipularía que en lo sucesivo hubiera Libertad de Sufragio y si posible fuera desde luego reconvendría en reformar la Constitución en el sentido de no reelección". No deja de sorprender la timidez de las aspiraciones del futuro caudillo de la Revolución de 1910: supone que Díaz seguirá en la presidencia y que el Partido Antireeleccionista comparta en algo el poder. En la segunda edición del libro, probablemente de abril de 1909, escribió un añadido: "...proponemos que el pueblo haga un esfuerzo para salir de su apatía, reconquiste sus derechos y acabe con la dictadura, ...proponemos que el pueblo nombre sus representantes en las Cámaras, los Estados sus Gobernadores y la Nación entera al Vicepresidente... Como afortunadamente ha desaparecido de entre nosotros el espíritu revolucionario, creemos que la inmensa mayoría de la Nación se conformaría con una transacción... antes de verse envuelta en una guerra civil".
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Público del 24 de abril de 2009).

Parece que Mister Taft pretendía eliminar de México a las compañías petroleras inglesas, especialmente a la de Lord Cowdray, para asegurar la explotación petrolera a favor de los estadunidenses. No lo logró con la entrevista de El Paso. No se olvide en cambio, que cuando Díaz se exilió de México, en mayo de 1911, se hospedó en Veracruz en la casa de Mister Cowdray y que en su exilio Díaz recibió favores del potentado inglés.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 16 de octubre de 2009).

No le quedó más remedio que volver a cruzar el río y esperar, de aquel lado, una ocasión más propicia. A fines de enero de 1911, cuando las tropas de Pascual Orozco y Pancho Villa dominaban ya parte de Chihuahua, Madero cruzó el río de nuevo para encabezar la rebelión.
A fines de abril llegaron a Ciudad Juárez, pero el fino y educado Panchito se oponía al ataque a la ciudad por temor a que las balas cruzaran la frontera y pudieran perjudicar a los gringos; Pancho y Pascual no le hicieron caso y, en abierta desobediencia e indiciplina, tomaron la ciudad; Panchito triunfó contra las órdenes terminantes que él mismo había dado...
Cuando Porfirio Díaz se enteró de la caída de Ciudad Juárez, vio que su hora de dejar la silla había llegado. Los especialistas en historia política y militar coinciden en que la toma de Ciudad Juárez estratégicamente no implicaba la caída del régimen: más bien se cree que en Díaz reverdeció el patriotismo de sus años de lucha republicana contra el Imperio: para nada quiso exponerse a una invasión gringa y prefirió retirarse.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Público del 17 de agosto de 2001).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.19 del periódico Público del 23 de junio de 2006).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.19 del periódico Público del 26 de marzo de 2004).

Todos los mexicanos aprendemos que la Revolución de 1910 se inició para derrocar al dictador Porfirio Díaz, quien llevaba 33 años reeligiéndose de manera fraudulenta. Pero, apenas lo piensa uno dos veces, comienzan a surgir piezas que no embonan con esta versión. La principal es que la guerra civil duró al menos hasta 1917, en que se redactó la Constitución, o hasta 1929, porque los enfrentamientos continuaron por todo el país hasta que Calles creó el partido oficial. Y ni siquiera entonces concluyeron totalmente. Pero resulta que el objetivo del levantamiento popular se consiguió en tan solo seis meses, pues a fines de mayo de 1911 renunció Porfirio Díaz y el 31 de mayo se embarcó, en Veracruz, en el famoso vapor Ypiranga, que lo llevó a Europa, donde aún reposa.
Una semana después, el 7 de junio, Francisco I. Madero fue recibido en la capital del país con muestras de extraordinario júbilo. En nuevas elecciones triunfó Madero llevando como vicepresidente a José María Pino Suárez. El 6 de noviembre de 1911 tomó posesión de la presidencia de la república.
Parecía el punto final. Pero no fue así. Nos dicen en la escuela que el general Victoriano Huerta derrocó al presidente Madero y lo asesinó. Pero esto no ocurrió hasta 1913, cuando ya Emiliano Zapata llevaba dos años peleando contra el gobierno legítimo y recién elegido.
Esto es: apenas 3 semanas después de que el héroe Madero llegara a la presidencia de la república, el héroe Zapata lo desconoció, no por razones de peso, pues ningún gobierno se prueba en 20 días, sino por el trivial motivo de que no le gustó Pino Suárez como compañero de fórmula, según declara en el Plan de Ayala. Para fabricar una historia de buenos y malos hay detalles que nos escamotean.
El Plan de Ayala
Todos los considerandos iniciales del Plan de Ayala, con el que Emiliano Zapata se rebeló conra el gobierno recién elegido, se encaminan a desconocer a Madero por abstracciones como "violar los sagrados principios que juró defender", "eludir las promesas hechas a la nación" (¿que debió cumplir en 20 días?) y nada menos que "hacer del sufragio efectivo una sangrienta burla al pueblo", cuando nadie, sino Zapata, puso en entredicho las elecciones presidenciales ejemplares que dieron un triunfo por aclamación nacional a Madero.
Luego, y solamente como parte adicional del Plan que invocamos (así dice), se plantea la devolución a sus legítimos dueños de los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados... previa muestra de los títulos de propiedad correspondientes. Y para quienes nada tienen, el plan zapatista decreta la expropiación, "con indemnización", de una tercera parte de las tierras monopolizadas por los propietarios poderosos. ¿En dónde está el elemento revolucionario, mítico, del levantamiento zapatista? Y esta parte es la que consideran "adicional". La básica es el desconocimiento del primer presidente democráticamente elegido luego de 33 años de elecciones fraudulentas.
El temprano levantamiento zapatista abrió la caja de Pandora y trajo el incendio por el que México perdió 30 años de este siglo que termina: campos arrasados, minas anegadas, naciente industria en ruinas.
Extracto de un artículo de Luis González de Alba
(v.pág.5 de la sección "Arte & Gente" del periódico Público del 21 de noviembre de 2000).

En rigor, nadie pudo con Zapata. Derrotó a De la Barra y a Madero, derrotó a Victoriano Huerta y sus terribles ejércitos, también a los intentos constitucionalistas de acabarlo.
El único que pudo con Zapata fue él mismo. Una vez distribuida la tierra, los campesinos morelenses lo dejaron solo en su lucha contra el carrancismo.
Martha González Escobar, divulgadora científica de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 19 de agosto de 2009).

Años de inconsistencia e ingenuidad política (y la pérdida de gran parte del territorio nacional) remataron en el "Plan de Ayutla" que desconocía al gobierno vigente, convocando un congreso extraordinario constituyente en 1856. El 5 de febrero de 1857 fue aprobada democráticamente la nueva Constitución, pero, esperadamente, el propio presidente la desconoció y se desató la Guerra de Reforma entre quienes la defendían y quienes la desconocían. Formalmente se reescribió para acomodarse al modo de las circunstancias del año 1917 y desde entonces su vida ha sido de recortecitos y pedaceras prendidas con alfileres y puntadas.
Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis,A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 3 de febrero de 2009).

Panchito había tenido la torpeza de nombrar a dos de sus hermanos como ministros de su gabinete, y pronto comenzaron a preguntarle si eso era democracia y si así respetaba la voluntad nacional y el "apóstol" de la democracia tuvo la torpeza de declarar: "Respecto al cargo de estar obrando contra la ley, pues también contra la ley derrocamos al general Díaz [...] la revolución es la revolución [...] mientras haya fuerzas revolucionarias me reconocerán como jefe".
Los desaciertos de Panchito, presidente provisional, contra el presidente interino, fueron sinnúmero; pero hay uno digno de recordarse, según lo cuenta Ricardo García Granados: se introdujo, sin invitación, a un banquete que ofrecieron los oficiales de la guarnición al presidente interino y pronunció un brindis en que reprochaba a los oficiales que hubieran sostenido la tiranía de Porfirio Díaz, pues los militares no debían sostener un gobierno tiránico. Obviamente, sin darse cuenta, estaba favoreciendo los cuartelazos. Sin duda que Victoriano Huerta escuchó muy atentamente este discurso.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 27 de julio de 2007).

En agosto de 1914, después de que Obregón tomó Guadalajara y avanzó hacia la capital del país, Huerta renunció a la Presidencia y huyó, no por Veracruz como lo intentaría hacer Carranza y como lo hizo Porfirio Díaz, sino que se embarcó en un puerto oaxaqueño. Meses después, en El Paso, Texas, murió de cirrosis en la enfermería de la prisión.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 10 de agosto de 2007).

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.la pág.4-A dle periódico El Informador del 26 de marzo de 2005).

Ricardo Medina Macías
(v.pág.14 de la sección "El Economista" del periódico El Informador del 22 de noviembre de 2000).

Raymundo Riva Palacio
(v.pág.11A del periódico Ocho Columnas del 18 de julio de 2002).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 26 de septiembre de 2003).

En 1924 Obregón se había ilustrado y se refería a Jalisco como "mi segunda Sonora".
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.21 del periódico Público del 24 de agosto de 2007).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 31 de octubre de 2003).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 17 de junio de 2005).

[Trinidad] Sánchez Santos [director del diario "El País"], en él, pone en el papel algunas de las metidas de choclo ("del género de las increíbles y de la especie de las imperdonables", decía de ellas) del "Apóstol de la Democracia". Pifias tan atroces como la de imponer, en forma chapucera (mediante un fraude electoral en Yucatán... a despecho de que su bandera, durante la Revolución, había sido, precisamente, la del "Sufragio Efectivo") la candidatura de Pino Suárez a la Vicepresidencia. El editorialista reparaba en que el tremendo error de Madero reeditaba, de hecho, el que había cometido Porfirio Díaz al imponer al pueblo la candidatura de Corral, con las revolucionarias consecuencias que la historia registra... "Quiera Dios que el capricho Pino Suárez no le cueste a Madero lo que le costó a Díaz el capricho Corral", profetizaba Sánchez Santos. De alguna manera auguraba -véase la fecha- el trágico fin del sueño que Don Francisco "vendió" a los mexicanos de su tiempo...
Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 8 de noviembre de 2001).

Pero no fue así. Un general surgido de las filas liberales, Porfirio Díaz, inició pronto un régimen que abiertamente limitó las libertades políticas e individuales. Tres décadas después Díaz fue derrocado por otro liberal, Francisco I. Madero, quien, sin embargo, sólo pudo permanecer en el poder poco más de un año. El gobierno de Madero fue interrumpido por un golpe de estado que desencadenó una violenta revolución, que, después de un período de inestabilidad, llevó al poder a un nuevo régimen conservador que se mantuvo en el control del país durante décadas. Este, a pesar de sus políticas retardatarias, se presentó siempre a sí mismo como revolucionario y progresista.
Sergio Sarmiento
(v.pág.7 de El Dictamen del 14 de mayo de 2002).

Con mano blanda, perdonó la vida a Félix Díaz, sobrino de don Porfirio, que se había levantado en armas, y fue el mismo perdonado, acompañado por otros militares, quien encabezó el golpe militar de la Ciudadela, asesinó a Madero y le abrió paso a la dictadura militar de Victoriano Huerta.
Gustavo de Anda
(v.pág 17A de Ocho Columnas del 7 de junio de 2001).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.21 del periódico Público del 17 de octubre de 2003).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 21 de julio de 2006).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 11 de julio de 2008).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.21 del periódico Público del 20 de junio de 2003).

Woodrow Wilson presidente de los Estados Unidos desde 1913 y reelecto en 1916
(citado en la pág.10/A del periódico El Occidental del 23 de noviembre de 2003).

La desesperada comitiva pasó por Zacatepec, Tetela de Ocampo, por Cuautempan y Patla. Ahí encontró a los figutivos Rodolfo Herrero, uno más de los miles de traidores de la historia, igual de torvo y ladino que Miguel López o Elizondo, el que entregó a don Miguel Hidalgo, taimado e hipócrita como Jesús Guajardo. Herrero se ofreció a guiar y proteger "al Señor Presidente" hacia Tamaulipas y hasta la frontera. La noche del 20 de mayo llegaron a Tlaxcalantongo y, en una choza de carrizos y techos de paja, se dispusieron a pasar la noche... el fugitivo debió pensar en mucha gente que él mandó matar: Felipe Angeles, más que nadie, sobre quien dio la consigna de condenarlo al paredón. Debió pensar en Zapata, al que persiguió con saña, aun con los maquiavélicos tratos de Guajardo en Chinameca. Debió pensar en la muy larga lista de gente que él persiguió... lo cierto es que, en medio de una tormenta torrencial, acompañada de rayos y truenos, se dejaron oír otros muchos truenos de máuseres y rifles. La cabaña quedó hecha una coladera.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Público del 27 de julio de 2001).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 24 de junio de 2005).

Los mismos rancheros, antes villistas, ya no lo querían, porque Villa robaba y destruía todo a su paso desde que había asumido, hasta sus últimas consecuencias, su papel de guerrillero desalmado. En su desesperación había desarrollado un infinito deseo de venganza. Su odio tenía hoy la fuerza que antes tuvo su ejército. Ingresar a las filas del villismo significaba quedar fuera de la ley, convertirse en bandolero, en robavacas de la peor ralea y en las peores circunstancias porque ya ni había nada que robar -y vacas menos que nada- en los pueblos y en las rancherías de los alrededores y sólo se arriesgaba uno a que en cualquier momento lo mataran los carrancistas, que estaban por llegar.
En San Pedro de la Cueva, por ejemplo, Villa mandó fusilar a todos los que se negaron a seguirlo, y de veras que fueron un montón. Al cura del lugar lo mató con su propia pistola, cuando de rodillas se le abrazaba a las piernas pidiéndole clemencia. "Por diosito santo, por diosito santo, clemencia", gritaba el pobre cura. Pero cuál clemencia si Villa se había vuelto inclemente. Sus órdenes eran de lo más precisas: "Aquéllos que se rehúsen a ingresar a mis filas, serán fusilados. Aquellos que se escondan y no se les encuentre, sus familias pagarán la pena".
En Santa Isabel, Villa fusiló a un grupo de mineros norteamericanos. Villa clamaba: "¡Que no quede ningún pinche gringo escondido por ahí!"
En Santa Rosa, Camargo, a raíz de arrebatarles a los carrancistas la estación ferroviaria del lugar, unas 90 soldaderas y sus hijos fueron hechos prisioneros, con el único fin de llevarlas a Chihuahua y ahí, ya en la cárcel, convencerlas de que rectificaran el bando en el que peleaban, tal como había sucedido en el pasado en muchísimas ocasiones. De pronto, ahí mismo en la estación, cuando se organizaba el acarreo de las prisioneras, se escuchó un disparo seco y solitario. Un disparo que a todos los presentes nos sorprendió y que, sin lugar a dudas, salió del mero centro del grupo de soldaderas. Ante nuestra incredulidad, la bala silbante atravesó el sombrero de Villa, quien se enfureció como pocas veces lo habíamos visto, lo que ya es decir. Por milímetros estuvieron a punto de matarlo, era cierto. Se acercó a las soldaderas y desde la altivez de su caballo tordillo, y con su voz más dura, les ordenó que señalaran a la culpable del atentado, sólo quería identificar a la culpable. Era una voz como el brillo de sus ojos: más cerca de lo diabólico que de lo humano. Pero la bola de viejas se quedó quieta, se quedó quieta del todo, y ninguna de ellas abrió la boca. ¿Imaginaba yo lo que sucedió entonces? Villa las amenazó muy en serio con fusilarlas a todas si no hablaban, pero de nuevo todas se quedaron quietas como estatuas y con los labios como sellados para evitar cualquier tentación de denuncia. Villa aún probó una cierta solución al conflicto soltándole un plomazo certero a la soldadera que tenía más próxima: que se asustaran las pinches viejas, que comprobaran que no hablaba en vano, estaban nada menos que frente a Francisco Villa, con toda la tradición y el símbolo que cargaba a cuestas. La mujer herida cayó al suelo desgajada, como un puro montoncito de trapos, pero las demás no se movieron y ni siquiera pestañearon. Entonces Villa jaló un momento la rienda de su caballo para que relinchara y gritó a voz en cuello: "Viejas tercas, púdranse pues todas", y dio la orden de que las fusilaran ahí mismo, enseguida, con todo y sus hijos, que de todas maneras ya huérfanos para qué iban a servir.
El mayor Cadenas me dijo que la escena indescriptible del fusilamiento de las soldaderas lo decidió a separarse de Villa y a esconderse en Tosesihua, con todos los riesgos que ello le implicaba, pero quién soportaba aquella clase de espectáculos. Ver a las mujeres caer así, una por una, y luego a sus hijos de diferentes edades. Hasta a los bebés los mandó matar Villa en caliente.
Ignacio Solares
Ficciones de la Revolución Mexicana, (Editorial Alfaguara, 2009).

Avecinándose la pregunta de quién sucedería en la silla al Manco de Celaya, resultaba que Villa no quería a Calles, mientras que nunca había ocultado su respeto y aun aprecio a Adolfo de la Huerta. Si el dedo de la mano que le quedaba a Obregón señalaba a Calles como el ungido, era claro que el Centauro del Norte sería un estorbo. Por otra parte, Villa, convertido en héroe admirable por la historia oficial, tenía cientos o miles de enemigos: en tierras norteñas rara era la familia que no recordaba a algún pariente asesinado por Villa: ningún trabajo costaba encontrar gente dispuesta a vengarse y eliminarlo. El hecho es que Pancho terminaría su vida en el mismo tenor en que había vivido: en la tragicomedia, en el drama continuado cada día con el buen humor y estoicismo de los norteños.
A mediados de julio de 1923, Melitón Lozoya capitaneó a un grupito de mercenarios, todos buenos tiradores que se escabecharon a Pancho Villa, quien además de hacendado era propietario de un automóvil Dodge. Así que el antiguo guerrillero tendría una muerte indigna de él: no el campo de batalla, sino al volante de un flamante automóvil último modelo. Igual que Zapata, no tuvo tiempo de desenfundar su pistola. El cuerpo, parecido al de Carranza tres años antes, quedó como coladera. Fue velado en el hotel Hidalgo, propiedad también del 'defensor' de pobres y campesinos que tanto había odiado a los 'riquillos y perfumados'. El día siguiente, después de una misa en la parroquia de San José, el guerrillero con la cabeza en su lugar fue sepultado en la fosa 632, sección novena del cementerio municipal... tres años después la tumba del Centauro fue profanada: decapitaron el cuerpo y nunca se ha sabido dónde quedó la cabeza.
Villa ciertamente queda superado como estratega por su enemigo Obregón; Carranza lo supera con mucho en su significado revolucionario; Zapata queda muy arriba de Villa el mujeriego en recuento de mujeres violadas. Sin embargo, es un hecho que el Centauro del Norte se ha robado de calle el espacio en corridos y en mitos, en fama nacional e internacional: un ejemplo más de las paradojas y rarezas de nuestra historia.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.21 del periódico Público del 6 de mayo de 2001).

El 20 de noviembre de 1910 fue la fecha que Francisco I.Madero estableció en su Plan de San Luis como inicio de una rebelión que no tuvo lugar. Dos días antes, tropas federales acabaron con el levantamiento que Aquiles Serdán preparaba en Puebla. El propio 20 de noviembre Madero cruzó la frontera desde Estados Unidos a Ciudad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras), pero al no encontrar apoyo regresó a la Unión Americana. Nada más ocurrió ese día. En las siguientes semanas empezaron a surgir brotes de insurrección que tenían o no que ver con el Plan de San Luis. El gobierno de Estados Unidos, molesto con Díaz, apoyó estos brotes movilizando tropas a la frontera y apostando buques frente a los puertos mexicanos. Tras algunas escaramuzas, la primera gran batalla de la Revolución tuvo lugar entre el 8 y el 10 de mayo de 1911 cuando Pascual Orozco y Pancho Villa tomaron Ciudad Juárez a pesar de que Madero se oponía a ello.
De manera sorprendente, Porfirio Díaz, que no había siquiera empezado a utilizar la fuerza del estado contra la rebelión, buscó un acuerdo con Madero. Cansado y enfermo, consciente de la hostilidad de Washington, Díaz renunció al poder y abrió las puertas a Madero.
Quizá nadie estaba más sorprendido que el propio Madero. El 25 de mayo Francisco León de la Barra asumió la presidencia y el 7 de junio, día de un fuerte sismo, Madero entró a la ciudad de México. El 6 de noviembre asumió la presidencia, tras una elección en la que supuestamente recibió el voto de más del 98 por ciento de los ciudadanos.
Ahí terminó la revolución del 20 de noviembre, la revolución de Madero, quien pronto se enfrentó a la hostilidad de algunos grupos que habían apoyado su causa. Tres semanas después de la toma de protesta, el 25 de noviembre de 1911, Emiliano Zapata lanzó su Plan de Ayala en el que desconoció a Madero. Empezó ahí la segunda etapa de la Revolución Mexicana, la etapa del caos. Pascual Orozco, reconocido como jefe del Plan de Ayala por Zapata, lanzó en 1912 su propio Plan de Empacadora o Plan de Chihuahua contra el gobierno. Madero envió al norte al general Victoriano Huerta, quien, apoyado por Villa, derrotó a Orozco.
En la ciudad de México surgió una nueva revuelta contra Madero, la cual liberó de la cárcel al general Bernardo Reyes y a Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, para encabezar el movimiento. Reyes murió en un intento de tomar Palacio Nacional mientras que Díaz se atrincheró en la Ciudadela. Madero recurrió nuevamente Huerta y lo nombró comandante de plaza; pero éste se unió a los rebeldes y, con el apoyo del embajador estadounidense, aprehendió y ejecutó a Madero. Huerta se proclamó presidente, tras un interinato de 45 minutos de Pedro Lascuráin.
Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, primero reconoció a Huerta pero después se levantó contra él. Tuvo el apoyo de Villa, de Pablo González y de Alvaro Obregón, entre otros generales revolucionarios. En el sur, Emiliano Zapata, quien se había rebelado contra Madero, continuó la guerra contra Huerta y mandó matar a los enviados que éste le hizo llegar.
Carranza derrotó a Huerta en parte porque Estados Unidos, con un nuevo gobierno, no quiso apoyar al general golpista, al grado que tropas estadounidenses tomaron Veracruz en 1914. Huerta renunció al poder, pero Villa y Zapata se negaron a reconocer la presidencia de Carranza y apoyaron al general villista Eulalio Gutiérrez nombrado presidente por la Convención de Aguascalientes. Carranza derrotó a Villa con tropas comandadas por Alvaro Obregón y a Zapata con un contingente encabezado por Pablo González. Más importante que esto, sin embargo, fue el reconocimiento que logró de Estados Unidos, que, a punto de entrar a la Primera Guerra Mundial, quería un gobierno estable en México.
Carranza fue controlando el país poco a poco. Impulsó la Constitución de 1917, pero fue depuesto y asesinado en 1920 por Obregón, quien ocupó la presidencia de 1920 a 1924. Obregón le dejó el poder a su subalterno Plutarco Elías Calles, pero fue reelecto presidente en 1928, sólo para ser asesinado antes de regresar al poder.
La Revolución había diezmado a la población y arruinado la economía mexicana. Calles decidió ponerle punto final al no intentar mantenerse en el poder tras el asesinato de Obregón. Creó, con los caciques sobrevivientes, un partido de estado. Uno de los propósitos era repartirse los despojos del poder; otro, crear instituciones que cerraran la puerta a la violencia.
Calles supo, sin embargo, que para garantizar el fin de la Revolución necesitaba crear un mito de la Revolución. Así lo hizo y hasta hoy, hipócrita o ingenuamente, festejamos este mito.
Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Durango del 20 de noviembre de 2008).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 20 de agosto de 2004).

Dentro de esta lógica, tras el asesinato de Alvaro Obregón, Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacionar Revolucionario. Propiamente no se trataba de un partido político, sino de una arena de negociación entre diversos intereses locales que, sumados, determinaban la política a escala nacional. Durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas, el Partido Revolucionario Mexicano se convirtió en un instrumento de control corporativo de la sociedad, sin que, más allá de las reuniones y de la política interna, eso se extendiera a la población en su conjunto de forma obligatoria.
Posteriormente, con la desaparición del sector militar, el PRI adoptó la estructura que lo distinguió durante años... los priístas, más que colaboradores de un mismo partido, eran miembros de facciones competidoras. El Partido Revolucionario Institucional no era propiamente un partido, una parte. En muchos sentidos, el PRI era el todo de la política nacional: una arena de disputa de los cargos de elección popular dentro del conjunto más amplio del sistema político. Se trataba de un apéndice de la federación.
Mauricio Rossell
(v.pág 15A de Ocho Columnas del 29 de noviembre de 2001).

Y al apostarle a un perdedor, la Iglesia Católica se ganó a pulso el desafecto de los revolucionarios y dio pretexto plausible para que, una vez derrotado Huerta y más tarde pacificado el país, los nuevos gobiernos no tuvieran una actitud favorable con la iglesia mayoritaria del país. La cosa empeoró cuando la jerarquía católica se opuso e hizo campaña contra varios artículos de la Constitución de 1917. La respuesta de los gobiernos posconstitucionalistas fue del ninguneo (en la mayoría de los casos) a la abierta hostitlidad de algunos radicales, como Plutarco Elías Calles. La intransigencia de unos y otros no sólo dificultó la reconciliación nacional, sino que provocó la absurda Guerra Cristera, con deplorables crímenes cometidos por ambos bandos, y de los que no son inocentes varios de los nuevos beatos mexicanos.
Juan José Doñán
(v.pág.2 del periódico Público del 18 de noviembre de 2005).

Aquel pleito empezó por una elección fallida el año 1910. De golpe de estado, se alargó en una feroz guerra civil que al final se arropó como revolución para salvar cara a los triunfantes. Los años sangrientos mataron a la décima parte de los mexicanos. Lo que equivaldría a perder hoy más que la población conjunta de Jalisco, Colima, Nayarit, Aguascalientes y Zacatecas. Quedó ardorosamente afectada la mayor parte del país y nuestra historia se detuvo dando unos pasos en reversa.
Quitando el velo de la leyenda, se empieza a reconocer que nuestra Revolución y nuestra democracia no son equivalentes; porque en la democracia se acuerda intentar la fuerza contando cabezas, no quebrándolas. En ella, el poder se logra en los números de la mayoría. La minoría no cede convencida de estar equivocada sino reconociéndose menos en cantidad; pero no menos exigente de la calidad de sus derechos merecidos.
Norberto Alvarez Romo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de noviembre de 2008).

La tendencia jacobina de estas administraciones vio en la cultura católica un obstáculo para el progreso nacional. En parte se debe a la procedencia de estos liderazgos en un norte del país con colonización reciente e influencia de Estados Unidos, para la cual, la vieja raigambre católica del centro rural resultaba incomprensible.
Como fruto de este enfrentamiento, encabezado de forma primordial por el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, la iglesia y sus elites formaron asociaciones diversas que derivaron, en Jalisco, en la poderosa Unión Popular, de Anacleto González Flores, y en el ámbito nacional, en la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa.
Los hechos se precipitaron con la suspensión de cultos decidida por la jerarquía mexicana, exasperada por la entrada en vigor de los artículos anticlericales de la Constitución de 1917, y la penalización de su incumplimiento, después de un decenio de atentados y persecución "de baja intensidad".
El movimiento de las armas popular, y los obispos asumieron posturas contradictorias ante el mismo. Al final prevalecerá la condena. Y por instrucciones del Vaticano, la negociación con el estado callista, y la indiferencia ante la suerte de los rebeldes, de los cuales, el gobierno asesinó a 1,500 tras los arreglos.
(V.pág.7 del periódico Público del 10 de septiembre de 2006).

Las diversas medidas que implementó Calles para reglamentar el artículo 130 molestaron a los obispos mexicanos que, en protesta, decidieron cerrar los templos. Un obispo se opuso a dicha medida: Francisco Orozco y Jiménez, arzobispo de Guadalajara, quien insistía que tal medida era muy peligrosa porque irritaría a la gente, que sin duda reaccionaría en forma violenta. La presión de casi todos los demás obispos fue tan grande que Orozco y Jiménez, para no ser la voz disonante, aceptó de mala gana, firmar la carta colectiva del episcopado que ordenaba el cierre de los templos. Esta orden tuvo efecto a partir del 31 de julio de 1926, y en diversos puntos del país comenzaron a brotar grupos armados contra el gobierno de Calles. Cada vez parece más claro que ni el gobierno federal ni los obispos, con excepción de Orozco y Jiménez, se imaginaron de lo que eran capaces los católicos indignados. Fue una serie de intransigencias y de guerra entre las cúpulas del gobierno y de la jerarquía eclesiástica: el siempre sufrido pueblo fue el actor valiente y siempre ignorado. Nadie niega que los soldados federales eran también parte del sufrido pueblo: verdadera carne de cañón. Federales, cristeros y agraristas sufrieron las consecuencias de las altas negociaciones de los señores que debatían entre ellos. Los mismos mártires de la persecución fueron parte de lo mismo.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.16 del periódico Público del 5 de abril de 2002).

Cuando el boicot planeado fracasó, el tránsito a otros procedimientos aun más enérgicos, de los que más abiertamente causan escrúpulos y espanto, fue natural, automático.
Miguel Angel Granados Chapa
(v.periódico a.m. del 20 de octubre de 2005).

La Secretaría de Gobernación dispuso que los ayuntamientos y no los vecinos recibieran los templos y, en la Catedral y el templo del Sagrario se procedió así el 31 de julio. No se realizó el inventario ordenado por la circular oficial, pero fueron selladas las puertas y el mobiliario para evitar un uso impropio de bienes nacionales afectos a una instalación religiosa.
Miguel Angel Granados Chapa
(v.pág.9 del periódico Mural del 22 de noviembre de 2007).

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 17 de marzo de 2007).

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 9 de agosto de 2008).

En el momento de la aplicación de la Ley Calles, había en la Unión Soviética una violentísima persecución religiosa contra la Iglesia ortodoxa que había empezado de la misma manera, primero con medidas dizque reglamentarias, y eso decía el gobierno de Calles: ‘La estamos reglamentando bajo los artículos constitucionales, no nos estamos metiendo en la vida interna de la Iglesia’, y en realidad claro que se estaba metiendo, y un solo obispo estuvo en contra de la suspensión de los cultos, y curiosamente es un obispo que tiene fama de beligerante y de cristero, el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez; advirtió que estaba contra la suspensión de los cultos porque ‘ustedes no saben lo que esto puede provocar’; pero sus hermanos obispos no le hicieron caso.
El gran historiador Luis González decía: "Si la mayoría de los obispos o la mayoría del clero aprueban la lucha armada, en menos de un año cae el gobierno de Calles, hubiera sido un movimiento irresistible". Lo que pasa es que sólo tres obispos se fueron de manera radical por la lucha armada, la mayoría no sabía qué pensar [...] Se ha puesto muy de moda el criticar a la Iglesia, pero sí ha sido consistente, siempre ha condenado la violencia: en el siglo XIX condena el alzamiento de los polacos católicos contra el zar ruso ortodoxo que los estaba persiguiendo y castigando porque intentaba descatolizarlos [...] lo mismo pasa con los rebeldes católicos de Irlanda en su lucha contra los protestantes. En México, después de los arreglos, el papa, en varias ocasiones, condenó la lucha armada; los obispos mexicanos tuvieron que publicar cartas pastorales condenando la lucha armada; yo encontré 16, de 1932 a 1938.
La paz de 1929 nunca fue completa. Por eso, muchos campesinos volvieron a alzarse en armas. La llamada "Segunda Cristiada" sorprendió al investigador, en sus indagatorias de los años 60. "Yo recuerdo la primera vez que oigo esto de la segunda, ¿la segunda qué...? ¡Es que usted no entiende! Bo teníamos derecho a llamarnos cristeros, la Iglesia ya nos había condenado y nos decía: ‘Si ustedes hacen una lucha, es una lucha política no religiosa; la Iglesia nos los necesita, no deben decir que luchan para la religión’. Entonces, no es la segunda Cristiada, porque no podíamos invocar a Cristo, me dijeron; para ellos fue una amargura tremenda [...] los pobres tuvieron que inventar que el papa había sido engañado por las obispos mexicanos, que le habían mentido...".
Pero Pío XI estaba informado, revelan archivos vaticanos abiertos recientemente: "Ahí está demostrado que el papa estaba perfectamente informado y por eso estaba tomando esa decisión: el gobierno mexicano no ha respetado su palabra, ha violado los acuerdos y, ni modo, hay que tener paciencia, que tarde que temprano ganaremos, pero sin lucha armada".
Esos cristeros ya tienen muy poco apoyo del pueblo católico, porque cada domingo el cura machaca que los obispos y el papa han prohibido la lucha armada; entonces, realmente se encuentran en una soledad, en una pobreza, y además con el anatema de que les niegan los sacramentos. Pero hay diversos factores que la provocan: uno, que vuelve la persecución religiosa; incluso, cuando Cárdenas llega al poder, en 1935, quedan sólo 305 sacerdotes autorizados para toda la república, de 5,300 que había menos de 10 años antes. Lo otro es la violación de los acuerdos, pues empiezan a matar a todos los jefes cristeros, a traición [...] ahí tiene la explicación de esa guerrilla que fue interminable: hace poco me enteré en Zacatecas de que los últimos cristeros deponen las armas después de la elección de Manuel Ávila Camacho, hasta el verano de 1940; los últimos tercos, los irreductibles, los más capaces de sobrevivir...
Jean Meyer
(v.pág.6 del periódico Público del 13 de septiembre de 2009).

En esta época del "descontón" fuéronse creando los prestigios o los miedos y por ende, los lideratos. Justo el PRI nació de la necesidad de crear un "ambiente" donde cupieran todos los personalismos, siempre y cuando se obedeciera el marco de actividad. En 1929, las pugnas elementales se habían dado y una actividad parlamentaria podría ser vínculo suficiente que oponer a los generales pretenciosos y descontentos que aún vagaban por los llanos, suspirándole a la silla presidencial. La mancuerna infernal, como la calificaban sus opositores y víctimas, Obregón-Calles, estableció un no por descarnado menos necesario valladar a pasiones y aspiraciones.
El asesinato de Obregón en el restaurante La Bombilla permitió a Calles convertirse en "el jefe máximo" pero no por muchos años pues uno de sus protegidos, el general Lázaro Cárdenas, traicionándolo, lo expulsó del país, dando paso a una nueva y bien disciplinada generación de políticos más urbanos. Miguel Alemán fue artífice de una manera infalible de ejercer la autoridad: ¡El dinero!
Dentro de las nuevas reglas lo más que se podía perder era la buena chamba pero ya no la vida. Este novedoso y sabroso método de sujeción permitió al PRI volverse una "caja de cristal" donde el diálogo "constructivo" lo ejercía una sola persona. Aparentemente, Zedillo fue el "último de los dialogantes".
Francisco Rea González
(v.pág 6/A de El Occidental del 30 de noviembre de 2003).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.21 del periódico Público del 14 de mayo de 2004).

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.4-A del periódico El Informador del 16 de octubre de 2003).

Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 12 de abril de 2002).

Lo de Toral fue en enero. En junio fueron los mal llamados "arreglos" con la Iglesia. Portes Gil puso como condición que saliera del país el arzobispo de Guadalajara Don Francisco Orozco y Jiménez, quien según me dijo Margarito Ramírez, gobernador de Jalisco en esos años, "era un arzobispo muy macho", y que en 1926 se había opuesto al cierre de los templos por temor a que los católicos se molestaran y pudieran tomar las armas. Creo que al final, en ese 1929, pensó que no había otra alternativa que dejar que sus jaliscienses hicieran lo que mejor les pareciera.
Portes Gil, en noviembre de 1929, autorizó el primer gran fraude electoral para que Ortiz Rubio venciera a Vasconcelos. Fue el primer fraude de la máquina oficial que luego se fue aceitando en forma tan perfecta que funcionó maravillosamente por varios decenios. Tal vez la mejor forma de ilustrarse sobre esos fraudes, de 1929, 1940 y 1946, son las Memorias de Gonzalo N. Santos, si usted tiene estómago fuerte para aguantar el cinismo del potosino que se gloría en reseñar como la maquinaria oficial ametrallaba sin piedad a los valientes que se aventuraban a ir a votar.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.26 del periódico Público del 8 de julio de 2005).

Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 24 de mayo de 2002).

Siguiendo esta tesis, la Revolución, posterior al derrocamiento de Carranza, dividió la tierra en usos ejidales, la pequeña propiedad y la que pertenece a los pueblos.
No obstante la opinión del general Calles en el sentido de que el ejido lleva al país a la ruina. En el régimen del general Lázaro Cárdenas se llevó a cabo la reforma integral de la tierra, dándole preferencia al ejido, al cual se dio mucha importancia, pensando que tal vez los ejidatarios cultivaran la tierra, en la misma proporción de la pequeña propiedad. El resultado ha sido desastroso, el ejido no produce lo necesario, a pesar que se creó el Banco de Crédito Ejidal.
La propiedad privada a pesar de haberla reducido es la que produce más en el campo.
Benjamín Gómez Cárdenas
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 19 de marzo de 2003).

Después del asesinato de Madero, hubo nuevas luchas en las que triunfó Venustiano Carranza, quien promulgó la Constitución de 1917, que organizó el estado posrevolucionario. No obstante, los sectores más radicales de la Revolución, mantuvieron la lucha hasta 1920. Para muchos historiadores ésa fue la fecha del final del proceso revolucionario, pero las situaciones violentas prosiguieron hasta 1934, cuando llegó a la Presidencia Lázaro Cárdenas, quien institucionalizó las reformas propuestas y legitimadas con la Constitución de 1917.
Martha González Escobar
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de noviembre de 2006).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.20 del periódico Público del 20 de agosto de 2004).

Durante el mandato de Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940), consideró conveniente renovar al PNR, y en 1938, se transformó en el Partido Revolucionario Mexicano, que siguió con estructuras similares eliminando los militares, y ganó elecciones en los tres niveles de gobierno.
A principios del sexenio 1946-1952, encabezado por Miguel Alemán Valdez, estimó conveniente renovar el PRM, y desde fines de 1946 se llamó Partido Revolucionario Institucional, cuyas bases fueron los sectores popular, obrero y campesino.
La decadencia del PRI, empezó con el movimiento estudiantil de 1968, dentro del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), político autoritario, pero excelente administrador público; se aceleró dentro del sexenio 1970-1976, encabezado por Luis Echeverría Alvarez -pésimo administrador-, que endeudó enormemente al país, para caer en peor debacle en el sexenio (1976-1982) que encabezó José López Portillo (más dilapidador que Echeverría), que endeudó estratosféricamente a la nación, pero quien por consejo de Jesús Reyes Heroles, abrió el sistema político mexicano a otras corrientes de pensamiento; siguió su decadencia por la cerrazón al sector izquierdista dentro del PRI ocurrida en el sexenio (1982-1988) que encabezó Miguel de la Madrid Hurtado, en que por primera vez, se dijo, perdió las elecciones el PRI, con Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), como candidato, recurriendo a "la caída del sistema de cómputo", para sacarlo "ganador". Esto propició la fundación del Partido de la Revolución Democrática, dividiéndose el PRI.
Para el sexenio 1994-2000, la crisis fue peor, dado que su candidato a la presidencia del país Luis Donaldo Colosio Murrieta, fua asesinado, surgiendo como emergente Ernesto Zedillo Ponce de León, quien triunfó gracias a la guerrilla del EZLN surgida en Chiapas, porque la ciudadanía mexicana rechaza las guerras.
En las elecciones del 2 de julio del año 2000, el PRI perdió por primera vez la Presidencia de la República, frente a la "Alianza para el Cambio", con Vicente Fox Quesada como candidato. Fue lo peor que le ha pasado al PRI en su historia.
Gamaliel Guzmán González
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de marzo de 2002).

Gustavo de Anda
(v.pág.17A de Ocho Columnas del 8 de febrero de 2001).

Que el Estado sea dueño de industrias, no quiere decir que éstas nos pertenecen a los mexicanos. Lo que eso significa es que esas industrias son manejadas con criterio político y no con sentido comercial.
Gustavo de Anda
(v.pág.15A de Ocho Columnas del 29 de noviembre de 2001).

En el mes de octubre del año 1936, un considerable grupo de gobernadores y militares se reunió para pedirle al presidente Cárdenas que suspendiera sus expropiaciones de tierras "porque iba a llevar al país al hambre, si las proseguía"...
Gustavo de Anda
(v.pág.10A de Ocho Columnas del 26 de agosto de 2002).

El cardenismo pretendía llevarnos a la socialización, contrariando los propósitos democráticos capitalistas de la Revolución.
Ya hemos salido del ejidalismo, que no fue más que una forma de controlar a los campesinos por el Estado, sin importar la producción de nuestros campos, política equivocada de la que hoy estamos pagando los resultados con la dependencia alimentaria del extranjero.
Gustavo de Anda
(v.pág.15A de Ocho Columnas del 15 de noviembre de 2001).

Héctor Aguilar Camín
(v.pág.4 del periódico Público del 21 de marzo de 2008).

Oaxaca nos dio caudillos,
y Coahuila caudillejos,
Sonora nos dio los pillos
y Michoacán dos p...

Era amigo del general norteamericano Mosley, ya retirado, que jefaturaba a un grupo pronazi en los Estados Unidos. Por esa razón, cuando Almazán se presentó al Departamento de Estado en busca de apoyo al triunfo que, indiscutiblemente obtuvo en las elecciones de 1940, la respuesta fue, mostrándole una fotografía en la que aparece dándose la mano con Mosley, diciéndole: "Cómo se atreve a pedirnos apoyo si con ustedes estamos en guerra", y le mostraron la foto que había aparecido en toda la prensa.
Yo recibí la orden del general Donato Bravo Izquierdo, el día 7 de julio de 1940, de movilizar a la gente armada bajo mi control, para arrebatarles las ánforas de votación a los almazanistas al precio que fuera...
Ese día, hace sesenta años, vivimos en México una verdadera guerra civil.
Gustavo de Anda
(v.pág 17A de Ocho Columnas del 1o. de febrero de 2001).

Don José González murió tranquilamente lleno de años, de recuerdos y añoranzas. Nunca se arrepintió de haber intentado matar a Obregón y, como muchos mexicanos de su tiempo, admiró a José de León Toral, el tímido dibujante que eliminó a quemarropa al gran general invencido de la Revolución. Don José y sus compañeros del atentado siempre pensaron que liquidar a Obregón era una "acción de guerra" para terminar con todas las barbaridades de la guerra cristera.
El atentado contra Obregón no fue el único intento magnicida de nuestra historia: sin contar el asesinato de Colosio, por lo menos hubo otros dos muy memorables: los que sufrieron el Nopalito Ortiz Rubio y don Manuel Avila Camacho y por supuesto el otro atentado en que José de León Toral mandó al otro mundo al sonorense mayor.
Al pobre ingeniero y general Pascual Ortiz Rubio le fue muy mal porque el día en que tomó posesión de la Presidencia de la República, el 5 de Febrero de 1930, cuando se retiraba del Palacio Nacional, un tal Daniel Flores le hizo varios disparos y el infeliz señor presidente tuvo sus primeros acuerdos con su gabinete luciendo un impresionante vendaje en la cara; y eso fue simplemente el primer capítulo de su ingrata presidencia dominada por el sonorense menor, pero a la vez Jefe Máximo de la Revolución: Elías Calles. El agresor Daniel Flores amanecería muerto meses después en su celda de la prisión.
Catorce años después, el 10 de abril de 1944, el presidente don Manuel Avila Camacho, también en el Palacio Nacional, fue agredido por el teniente Antonio de la Lama Rojas. Don Manuel usaba un chaleco blindado que le salvó la vida, y, con mucha calma se arrojó sobre el agresor y lo llevó a su despacho para hablar con él: se quejaba de los bajos salarios y condiciones precarias en que vivían los oficiales de menor rango en el Ejército. Al llevarlo a los separos de la policía para internarlo, un grupo de pistoleros, a las órdenes de Maximino Avila Camacho, se apoderaron del prisionero y lo mataron; aunque alguna versión asegura que fue el propio hermano incómodo de don Manuel quien lo asesinó.
En materia de atentados, los gringos nos ganan de calle: ciertamente Obregón, presidente electo, fue asesinado. Panchito Madero el pobre fue asesinado también, aunque técnicamente ya no era presidente. Don Venustiano, a quien dejaron como coladera, legalmente no era ya presidente, porque, según dicen los que saben de Derecho Constitucional, había perdido su condición de presidente por el hecho de haber intentado cambiar la sede del Ejecutivo sin permiso del Senado. Los gringos, sea lo que sea, se despacharon por la vía rápida a cuatro presidentes: Lincoln, McKinley, Garfield y Kennedy. En cuanto a atentados ya perdieron la memoria: los herederos de los vaqueros del Oeste fueron también especialistas en deportes truculentos como los linchamientos y otras especialidades fruto de la "libertad omnímoda" de que gozan.
Extracto de un artículo de Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.23 del periódico Público del 14 de noviembre de 2003).

La presión de los Estados Unidos contra México fue mucha, por ello, el 28 de mayo de 1942, el presidente Manuel Avila Camacho declaró el estado de guerra con las potencias del eje.
Remberto Hernández Padilla
(v.pág.7/A de El Occidental del 9 de marzo de 2003).

Enrique Krauze
(v.pág.450 de "La Presidencia Imperial")

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.34 del periódico Público del 2 de septiembre de 2005).

Enrique Canales
(v.pág.7A del periódico Mural del 30 de octubre de 2003).

Cuando, hace unos 4 años, Pablo Gómez encabezó aquella comisión de la verdad nombrada por el congreso, encontró menos de 40 muertos. Los soldados, lejos de llegar acribillando a la multitud, cuando vieron los fogonazos de los primeros disparos -los hechos por el Batallón Olimpia, vestido de civil desde el mismo lugar donde había estado el último orador del mitin- daban instrucciones a la gente para ayudarla a salvarse de las balas que, pensaban, disparábamos los dirigentes. 'Baja la cabeza', 'cúbrete al pie de aquel muro', etcétera. ¿Cómo lo sé? Me lo contaron mis amigos allí presentes cuando se les permitieron las visitas dominicales a la cárcel [donde estuve detenido de 1968 a 1971].
Siempre he dicho que el Olimpia y el Ejército no estaban coordinados.
Luis González de Alba
(v.pág.4 de la sección "Cultura y Tendencias" del periódico Público del 22 de julio de 2002).

No digo, como Pablo Gómez me atribuye, que debimos esperar sentados a que nos regalaran la independencia, como no esperamos, en 1968, la democracia. Digo algo mucho peor: que los crímenes de Hidalgo, como la matanza de civiles españoles en Guadalajara, muchos de ellos independentistas, retrasaron la independencia hasta 1821, un 27 de septiembre, en que se firmó con el nuevo virrey sin disparar un solo tiro. No lo festejamos porque no hubo muertos.
Digo también que para obtener esta medio trastabillante democracia de hoy y demoler el régimen priista, Tlatelolco no era necesario. NO DIGO que fuéramos culpables por el 2 de octubre, sí que éramos mexicanos los dirigentes estudiantiles y por eso no supimos pescar al vuelo las (pocas pero algunas) oportunidades de negociación que el gobierno ofreció a su manera: críptica, sibilina, envueltas en las formas barrocas del lenguaje oficial, pero oportunidades al fin, que se nos fueron. Nos ganaron los duros del gobierno, semejantes a los que hoy están en el gobierno del DF, todos los que desean soluciones "revolucionarias" y no el agua tibia, el tedio de los cambios negociados que los mexicanos llamamos "transas" porque a eso nos educaron.
"Es que todos los movimientos sociales que nos han antecedidos fueron transados por los líderes, de espaldas a sus bases" (así se decía, ahora es "de espaldas a la gente"). Por eso seríamos cristalinos, y así nos impusimos, solitos, un corsé: la obligación de sólo negociar en público y no ceder en nada. Y peor: nunca definimos "público".
Quizá otras luchas sociales habían sido traicionadas por sus líderes y, como "el que con leche se quema hasta al jocoque le sopla", nos curábamos en salud. O quizá algunos de esos movimientos sociales habían sido simplemente negociados y los mexicanos nacemos con el síndrome social del todo o nada: "si me han de matar mañana, que me maten de una vez", "sigo siendo el rey y mi palabra es la ley", "la vida no vale nada". Sentimos un abominable placer por caer en la raya. Admiramos la derrota porque sólo así, muerto o encarcelado, prueba el líder que no cedió, que no "transó". Y toda victoria es sospechosa.
Como ahora los miembros del PRD, buscábamos en 68 al traidor dispuesto a negociar, al que admitiría menos del total: seis puntos por firmar. Nos vigilábamos con suspicacia y analizábamos cada discurso de nuestra gente para detectar desviaciones y debilidades. Había en nuestras 6 demandas algunas de fácil resolución: deslindar responsabilidades en las agresiones sufridas por manifestantes a manos de la policía. Otras eran posibles: derogación del delito de disolución social (que poco después fue derogado). Otra era una ridiculez: disolución del cuerpo de granaderos. Pablo Gómez es senador, ha sido diputado un sinnúmero de veces... y jamás ha propuesto que los gobiernos del DF se queden sin un cuerpo de granaderos. Ni él, ni Raúl Alvarez, ni Salvador Martínez y tantos otros que, como diputados no han siquiera propuesto semejante disparate porque es hoy, con gobiernos del PRD, y era entonces, bajo el viejo régimen del PRI, un reverendo disparate.
¿Y yo? ¿Lo dije entonces? Ni lo pensé y si lo hubiera dicho me habrían linchado. Como ahora los perredistas afilan cuchillos para degollar infieles que contradigan las enseñanzas del Profeta, así nos intimidábamos mutuamente.
Como ahora los pejistas, buscábamos en los discursos de nuestros compañeros las intenciones de romper ese acuerdo sagrado. Así fue como dimos paso a los criminales que organizaron Tlatelolco. Nos ganaron los duros, los propios y los ajenos.
Luis González de Alba
(v.pág.19 del periódico Público del 1o. de octubre de 2007).

La realidad parece haber sido distinta. Dos cuerpos militares distintos intervinieron en la matanza. Uno de ellos, el batallón Olimpia, adscrito al Estado Mayor Presidencial, entró a los apartamentos en las torres de Tlatelolco en los que se encontraban los dirigentes del movimiento estudiantil con la orden de detenerlos. Los integrantes de este batallón iban vestidos de civil y portaban un guante blanco para distinguirse.
A la plaza entró otro contingente militar, encabezado por el general brigadier José Hernández Toledo, quien tenía al parecer instrucciones de dispersar el mitin. Alguien al parecer disparó en contra de ellos: el propio general Hernández Toledo cayó herido. Los soldados afirmaron haber respondido al fuego hostil e intercambiaron tiros con los integrantes del batallón Olimpia.
Si bien quedan muchas dudas, la matanza de Tlatelolco parece haber sido provocada por una operación fallida en la que dos cuerpos policiales recibieron órdenes distintas y actuaron sin coordinación. La tragedia habría sido así producto de esa mala planificación que es tan común en las actuaciones de las burocracias de nuestro país.
¿Cuántos muertos hubo en Tlatelolco esa tarde-noche del 2 de octubre de 1968? Un reportaje de John Rodda para el periódico británico The Guardian reportó 325. Esa información se utilizó durante años para afirmar que cientos de personas habían sido masacradas en la Plaza de las Tres Culturas. La cifra más común que se usaba era la de 300. Los esfuerzos por identificar a esos muertos han dado, sin embargo, una lista de 34 muertos con nombres y apellidos. Quizá haya habido más. Pero se trataría de personas que no hubieran tenido parientes ni amigos entre los miles de sobrevivientes que han sido entrevistados por investigadores y organizaciones simpatizantes con el movimiento estudiantil.
Una matanza que deje un saldo de 34 muertos debería ser inaceptable en cualquier país. La de Tlatelolco lo es. No necesitamos exagerarla. Tampoco necesitamos inventar motivos macabros entre quienes dieron las órdenes para la acción del Ejército. Es muy difícil, de hecho, que alguien, ni siquiera Gustavo Díaz Ordaz, hubiera pensado que era sensato masacrar a cientos de estudiantes unos días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos en la ciudad de México.
Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Durango del 2 de octubre de 2008).

El punto fundamental es si realmente hubo en 1968 una decisión de exterminar a un grupo nacional, religioso o étnico, aunque sólo fuera el de los dirigentes de un movimiento estudiantil. "La respuesta es no y nosotros somos la prueba" dice Luis González de Alba, uno de los dirigentes del ’68, detenido con varios de sus compañeros el 2 de octubre en el edificio Chihuahua. González de Alba es autor de la novela Los años y los días, una de las mejores crónicas del movimiento estudiantil. Si la intención del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz o de los comandantes del Ejército Mexicano hubiera sido la de llevar a cabo un genocidio, o más modestamente el exterminio de los líderes estudiantiles o de los asistentes a la reunión, ninguno habría sobrevivido a la detención. Las tropas, sin embargo, no mataron ni a González de Alba ni a los demás dirigentes estudiantiles ni a los participantes del mitin que capturaron. Lo que hicieron fue llevárselos al Campo Militar Número 1 y de ahí, posteriormente, remitirlos al reclusorio de Lecumberri, donde permanecieron varios años antes de ser liberados en una amnistía gubernamental.
Los activistas políticos, sin embargo, quieren hacernos tontos al sostener que lo ocurrido ahí fue un genocidio, cuando lo que buscan realmente es darle la vuelta a la prescripción de esos delitos.
Sergio Sarmiento
(v.periódico El Siglo de Durango del 2 de abril de 2009).

Pero también acortó la existencia pública de un hombre ilustre: Antonio Ortiz Mena, quien fungía como secretario de Hacienda. Y lo hizo porque el presidente Díaz Ordaz le advirtió que don Antonio sería su sucesor. Voló entonces Echeverría hacia Houston, en donde Ortiz Mena se sometía a un examen rutinario, y falsificó los diagnósticos para presentarlos al "primer mandatario":
-Lamento informarle, señor, que don Antonio tiene cáncer terminal -expuso Echeverría sin dejar hilos sueltos y luego de cooptar a los médicos estadounidenses-. No podría acceder a la Presidencia.
Díaz Ordaz se desdibujó y acabó entregándole la estafeta a Echeverría. Por ello, tiempo después, el soberbio don Gustavo expondría a sus amigos ahogado por la fatalidad:
-Sí, reconozco que cometí una sola pendejada... ¡pero de qué tamaño!
Rafael Loret de Mola
(v.pág 10A de Ocho Columnas del 15 de julio de 2001).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Público del 15 de marzo de 2002).

Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, escritor y exdiputado panista
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 17 de mayo de 2003).

Lo que realmente sucedió fue que el precio del crudo de referencia, con el mismo riesgo que lleva cualquier materia prima que esté expuesta a los vaivenes de los mercados, tuvo una fuerte recaída y ocasionó una crisis de caja terrible, dolorosa y dramática que nos hizo ver que estructuralmente el país estaba quebrado y con muy pocas posibilidades de salir en el corto plazo.
De repente nos dimos cuenta de que la disciplina fiscal y presupuestaria de los años del desarrollo estabilizador que terminaron con la salida del presidente Díaz Ordaz en 1970, y que habían llevado al país a lograr una estabilidad monetaria importante con sostenido crecimiento económico había sido tirada por la borda y que el país iba a enfrentar crisis sin precedentes en la historia moderna de nuestro país.
Realmente fue difícil acabar con ese tan bien logrado modelo económico. Fueron necesarios 12 años de errores, de pifias, de corrupción, de giros erróneos en la política económica mexicana para destruir la estabilidad en la economía mexicana.
Luis Alberto Güemez Ortiz
(v.pág.4-F del periódico El Informador del 29 de enero de 2003).

Dice Helio Jaguaribe: "El populismo latinoamericano fue una forma de capitalismo privado, aunque con orientación social y nacional. Los gobiernos populistas se preocuparon por planificar el desarrollo nacional, aumentando la participación de las masas, y completar, mediante instrumentos del estado, la acción de la burguesía nacional... Nunca consideraron con seriedad imponer a los empresarios nacionales una disciplina más severa de lo que podía serlo una adaptación poco firme de sus actividades a las metas de los planes nacionales a pesar de las frecuentes y ampulosas afirmaciones en contrario emitidas en especial en la fase de crecimiento económico".
Ciertamente establecieron restricciones al capital extranjero, pero fue para impulsar un modelo de industrialización basado en la sustitución de importaciones; no pasaron de nacionalizar servicios públicos y a establecer monopolios en materia de energía.
El populismo es un problema no por sus objetivos, ¿quién está en contra del crecimiento económico y la distribución? sino por los instrumentos utilizados, por el desdén a los equilibrios macroeconómicos, por el énfasis en los mecanismos anti-mercado.
Mientras las políticas económicas de los gobernantes del Nacionalismo Revolucionario nos permitieron crecer a las tasas de PIB que nunca hemos vuelto a ver, nadie protestó. Las protestas aparecieron cuando se tocaron los límites del modelo y surgieron las contradicciones que López Portillo llevó al extremo. De hecho en México, la investigación histórica sobre la actuación gubernamental de 1970 a 1976 tomo dos vías, nos dice Roberto González, los limites de las reformas intentadas por Echeverría ante la crisis mundial y el agotamiento del modelo del desarrollo estabilizador y las diputas en y por el Estado. Otro fue el caso después de los críticos neoliberales, cambiaron de perspectiva: en lugar de la reforma, la macroeconomía.
Los neoliberales, además de una crítica profunda, hoy hegemónica, desmantelaron instituciones populistas. Modificaron la constitución e hicieron una Reforma de Estado.
Alberto Carrillo Armenta
(v.pág.18 del periódico Público del 27 de enero de 2004).

Ya en los tiempos de los gobiernos revolucionarios y gracias a los esquemas políticos ideados por Calles, esa divergencia de tendencias fue controlada por un mayor tiempo, pero de igual manera desembocó en la fundación de partidos de oposición como lo fue el PAN (Partido Acción Nacional), que se creó a iniciativa de Gómez Morín, quien fuera un destacado y brillante funcionario de los primeros gobiernos callistas y quien sentó las bases del sistema financiero mexicano.
La corriente crítica de González Guevara y Cuauhtémoc Cárdenas es otro ejemplo de esa división que se dio dentro de un partido omnipotente y omnipresente.
Sergio A. López Rivera, abogado
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 25 de febrero de 2004).

Lo curioso del caso es que mientras los políticos herederos de estos grupos criminales buscan que la sociedad acepte el dogma de que los secuestradores y asesinos de antes no eran más que héroes, buscan manchar la memoria de quienes permitieron la construcción de un México de libertades. No hay absolutamente ningún indicio de que don Jesús Reyes Heroles, quien fue Secretario de Gobernación de 1976 a 1979, haya realizado ningún acto de persecución injusta. En cambio sí es reconocido su trabajo a favor de la liberalización del régimen autoritario, de la legalización de organizaciones anteriormente proscritas como el Partido Comunista y del impulso de la reforma política de 1977. El esfuerzo para cerrarle el ingreso a la Rotonda de las Personas Ilustres, en compañía de otros personajes señeros de nuestra historia como Manuel Gómez Morín y Heberto Castillo, es particularmente ruin.
Sergio Sarmiento
(v.pág.6A del periódico Mural del 3 de abril de 2003).
Comentario del webmaster: en Guadalajara yo vivía a cuadra y media de la "Juguetería Ramar", cuando los terroristas de la susodicha "liga", de deplorable memoria, incendiaron ese "estratégico objetivo".

Carlos Marín, periodista
(v.pág.22 del periódico Público del 23 de septiembre de 2003).

Hace diez años habían secuestrado a un general del Ejército Mexicano, ex gobernador pero sobre todo maestro de generaciones militares. Habían insultado al uniforme, habían humillado a los jefes de las zonas militares, habían tomado cuarteles, habían matado a muchos más soldados de lo que nunca sabremos, habían llenado las pantallas de televisión del todo el mundo con una proclama subversiva desconociendo al gobierno legítimo.
Y esto era obra no de un grupito de encapuchados sino de una organización guerrillera vinculada con ciertos sectores de la Iglesia Católica, apoyada por capital extranjero y entrenada en el manejo de medios que, además, controlaba poblaciones enteras de esa entidad federativa.
Hace diez años, en el principio de enero, el "Subcomandante Marcos" no había hecho su aparición en los medios con sus comunicados destilando miel y los condones que llevaban su nombre. En cambio, otra vez por orden superior, los cadáveres resultado de enfrentamientos entre ambos bandos habían desaparecido casi en su totalidad. Una reportera, Marta Anaya, andaba encontrando incómodas fosas clandestinas, las monjas del hospital de San Carlos sacaban a los heridos bajo sus faldas y el general Juan López Ortiz encabezaba la madre de todas las batallas, la toma de Ocosingo que cambiaría la guerra.
Mientras los políticos se peleaban entre sí, Luis Donaldo Colosio se replegaba en lo que decía ser un acto de disciplina institucional y más bien parecía cobardía, injustamente separaban de su cargo a Patrocinio González Garrido, el general Miguel Angel Godínez encabezaba la contraofensiva armada, y Manuel Camacho Solís preparaba su renuncia en Relaciones Exteriores.
Ahí, en Chiapas, en los altos de esa parte del país, los extranjeros habían contribuido junto con sacerdotes creyentes de la teología de la liberación a la violencia. Había frío en los cerros donde se improvisaban trincheras bajo las órdenes del titular de la Defensa Nacional, general Antonio Riviello, y se comía poco.
Hace diez años amanecimos en guerra. Punto. Eso fue lo que sucedió. Una guerra que se decidió, en Los Pinos, terminar de manera unilateral con la más absurda de las rendiciones incondicionales.
¿Qué ha cambiado? Poco en lo objetivo. Hay, si se puede, mayores carencias. Se ha descompuesto todavía más, no obstante los esfuerzos de los gobernantes en turno y en especial la dedicación de Pablo Salazar, el tejido social. Se han acrecentado los enconos sociales por vocación de quienes se hacen llamar "Ejercito Zapatista de Liberación Nacional", se han cancelado una y otra vez las pláticas para llegar a un acuerdo de paz, se han tolerado hasta la ignominia las armas subversivas, se ha obligado a que los miembros de las fuerzas armadas falten a su deber constitucional de salvaguardar la integridad del territorio nacional.
Isabel Arvide
(v.pág 10A de Ocho Columnas del 5 de enero de 2004).

Isabel Arvide
(v.pág 10A de Ocho Columnas del 16 de febrero de 2004).

El Instituto Federal Electoral, que es la puesta en manos ciudadanas de las elecciones y su conversión en ejercicio democrático por primera vez en más de 100 años, es creación de dos presidentes priistas, Salinas y Zedillo. La apertura comercial dio inicio con Miguel de la Madrid, la censura oficial en los medios declinó con este mismo Presidente y desapareció con Zedillo. La falta de crisis política con el triunfo de Fox es mérito del PRI, que no puso "mínimos indispensables" para creer en su derrota, como sí los puso Fox. La falta de cirsis económica es obra de Zedillo y su blindaje de fin de sexenio. Fox tiene el mérito, cuando mucho, de no haber tirado la charola de copas sobre ese blindaje, el mérito de quien respeta líneas económicas correctas. Es algo, porque quizá otro candidato triunfante habría querido empezar tirando el edificio. Pero tampoco es mucho y ya van dos años de dispararse al pie: crea una Fiscalía Especial para determinar los crímenes que en el pasado hayan cometido funcionarios y luego dice que ninguno de los indiciados pisará la cárcel "porque son delitos que ya prescribieron". Entonces, tiempo, dinero y esfuerzo invertidos en esa fiscalía con oficinas e investigadores propios, ¿es una forma de hacerse tontos?
Luis González de Alba
(v.pág.23 del periódico Público del 25 de noviembre de 2002).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.16 del periódico Público del 3 de junio de 2007).

Pero debido a la situación caótica que enfrentó el país en sus primeros 50 años, se suspendieron los pagos y fue hasta 1888 que se pudo liquidar esta primera deuda.
Este fue el comienzo trágico de una historia muy larga, que en los siguientes 180 años produjo 21 renegociaciones, 9 suspensiones de pago y 2 repudios de deuda externa.
Cuando México ha enfrentado una carga elevada de deuda externa o ha decidido suspender sus pagos, nunca ha logrado crecer en forma sostenida.
El único periodo largo de crecimiento elevado y sostenido que hemos tenido fue entre 1942 y 1981, que coincide con el único momento en que prácticamente no tuvimos deuda externa.
Jonathan Heath, director de Estudios Económicos de HSBC México
(12 de anril de 2007).

La democratización acompañó no sólo la crisis del modelo económico y del sistema político que le era inherente, sino que se ha imbricado, a partir de 1985, con los periodos de políticas de ajuste y cambio estructural, de liberalización comercial, de adelgazamiento y reforma del Estado.
Pero esos cambios económicos no han demostrado hasta ahora sus bondades. Al contrario, de un crecimiento del PIB en la década de 1960 de 7.12%, al que le siguió en los setentas uno de 5. 8%, pasamos a un década perdida, los ochentas, donde el crecimiento promedio fue de 1.89%.
El periodo de 1990-1995, de grandes cambios estructurales impulsados por Carlos Salinas arrojó apenas 1.26% como promedio. No es hasta el periodo del presidente Zedillo, superada la "Megacrisis Azteca" gracias al TLC y a un buen ciclo de la economía norteamericana, que alcanzamos como promedio 5.5%, pero para volver caer nuevamente durante el gobierno de Vicente Fox en la más larga recesión de nuestra historia, creciendo apenas a una tasa de 0.5% anual.
Alberto Carrillo Armenta
(v.pág.18 del periódico Público del 11 de noviembre de 2003).

En todo este proceso las élites de la derecha fueron relegadas al olvido y sólo tuvieron acceso al poder mediante las actividades económicas, mientras duró el pacto no escrito con el partido en el poder; cuando éste se rompió debido a las inconsecuencias de los tecnócratas priistas en el poder, las fuerzas de la derecha utilizaron al PAN como caballo de Troya y finalmente lograron acceder al poder con Fox, pero de nueva cuenta representan una élite en el gobierno, sin mayor comunicación orgánica con el grueso de la población, con la que en general los gobiernos mexicanos tienen una deuda que aún no se ha pagado.
Sergio A.López Rivera, abogado
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 27 de octubre de 2004).

El objetivo de cada grupo fue destruir al otro para hacerse de todo el poder en nombre del bien de la nación. Ambos estaban lejos, muy lejos, de las formas de vida, preocupaciones e intereses de la mayoría de los mexicanos. Su lucha sumergió al país en una guerra civil terrible e interminable, se destruyó mucho, se perdió un tiempo histórico irrecuperable para el desarrollo económico. Al final, los liberales se impusieron, pero tal triunfo no significó una mejora en la forma de vida del mexicano promedio, sino, posiblemente lo contrario.
Al final, el porfiriato maduro buscó disolver la vieja división liberales-conservadores en un marco oligárquico en extremo; justo cuando lo estaba logrando, estalló la Revolución Mexicana bajo la divisa de restaurar los valores liberales. No pasó mucho tiempo antes de que esa lucha política se transformara en social. Tras una guerra civil tan o más cruel que la anterior, los revolucionarios se impusieron sobre sus adversarios y los marginaron casi por entero de la vida política; lo mismo se aplastó a los "reaccionarios" cristeros que a los comunistas o a otros radicales de izquierda. El lema democrático original -"sufragio efectivo"- quedó sepultado por el dominio completo del grupo triunfante. Nunca se le dio al mexicano promedio la posibilidad real de elegir entre dos o más proyectos, sino que la nueva élite se dijo la representante cabal del México popular, aseguró que gobernaba "para el pueblo" pero sin dejar que éste interviniera y se pronunciara libremente, pues podía interferir con la supuesta gran meta: la justicia social.
Al final y como en el pasado, los intereses del México mayoritario quedaron subordinados a los de la nueva "clase política". La distribución del ingreso es el mejor indicador para saber para quién realmente gobernaron los "herederos de la Revolución" organizados alrededor de la Presidencia y de un partido de estado: hoy el 10% del México que está en el tope de la escala social recibe 35 veces lo que recibe el 10% que se encuentra en el fondo de esa escala (Informe Mundial sobre Desarrollo Humano 2003, del PNUD, citado por El Independiente, 8 de julio).
La nueva clase política
En la segunda mitad del Siglo 20, y del seno de una sociedad cada vez más urbana, educada y compleja, se fue gestando una oposición que finalmente, en el año 2000, logró echar fuera de Los Pinos al partido que monopolizó por 71 años el poder. Un nuevo grupo, de extracción empresarial y del PAN, tomó las riendas del poder federal y amplió su presencia en el Congreso y en los estados. A una escala menor, la izquierda agrupada en el PRD también asumió responsabilidades de gobierno. El PRI, sin embargo, no murió; siguió vivo al mantener el control de la mayoría de los gobiernos de los estados, además de una mayoría relativa de escaños en el Congreso federal. A todo esto, y previendo lo que iba a suceder, en las postrimerías del viejo régimen se aprobó una generosa ayuda estatal a los partidos políticos, de tal manera que sus respectivas dirigencias pudieran vivir del subsidio y sostener sus respectivas maquinarias. De esta manera los miembros de la clase política que están en la oposición no están obligados, como en el pasado, a asaltar el poder y acapararlo como única manera de vivir de la política; se pueden ya dar el lujo de ser pluralistas.
Hoy la clase política mexicana no está dividida en dos sino en tres alas, y de una forma tal que dos de ellas -las mayores- están en posibilidad de neutralizarse mutuamente y empantanar el desarrollo político del país. Sin embargo, y a diferencia de los dos siglos anteriores, en la actualidad el grupo gobernante opera dentro de un marco institucional que, aunque imperfecto, le abre la posibilidad a sus facciones de competir pero sin destruirse.
Lorenzo Meyer
(v.pág.7A del periódico Mural del 10 de julio de 2003).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.18 del periódico Público del 27 de enero de 2006).

Eran tiempos en que la historia de bronce, la oficial, la que promovieron los gobiernos de la Revolución Mexicana, colocaba a la Iglesia Católica entre los adversarios del proyecto revolucionario. Apenas una década atrás, los cristeros se habían enfrentado al Ejército Mexicano en una guerra de 3 años; aún estaban vivos los reconcomios del asesinato del caudillo y presidente electo, Alvaro Obregón, de manos de un católico militante, León Toral, azuzado por una monja maquiavélica, la Madre Conchita, el 17 de julio de 1927.
En México, entonces, concluía el gobierno 'rojo' de Lázaro Cárdenas. En respuesta a las políticas sociales de éste, la derecha había fundado el PAN, aliado con sectores del sinarquismo de origen cristero; esta derecha mexicana organizó sus falanges en apoyo a los gobiernos de Hitler, Mussolini y Francisco Franco, retando al régimen de Cárdenas que se había manifestado a favor de los gobiernos aliados y de los republicanos.
La elección de Avila Camacho tuvo una fuerte oposición del recién inaugurado Partido de Acción Nacional y de estos grupos, a través de la candidatura de un ex miembro del grupo revolucionario, Juan Andrew Almazán. El mismo presidente Cárdenas no pudo votar por el ambiente de violencia que prevaleció el día de las elecciones.
El clima internacional de la Segunda Guerra, la cuestionada victoria y el "radicalismo" de Cárdenas, persuadieron a Avila Camacho de moderar sus políticas transformadoras y sus posturas ante la Iglesia. Las primeras las atenuó tomando distancia de las organizaciones sociales y de sus líderes más extremistas. No obstante, sólo se atrevió a declararse "creyente".
El resto de la historia de esta relación contrariada del estado y la Iglesia Católica se conoce mejor. Los acercamientos que empezaron con el presidente José López Portillo dieron pie a las visitas del Papa, al establecimiento de relaciones diplomáticas entre los estados mexicano y Vaticano, y a la reforma constitucional de Carlos Salinas, que le concedió el derecho del voto a los sacerdotes de todas las iglesias.
La reforma, se dijo mucho y demagógicamente, que era colocar en la ley lo que era ya una realidad. Que las iglesias tuvieran personalidad jurídica propia, capacidad legal para contratar, poseer bienes, etc., fue un mero formalismo: simplemente se hicieron los arreglos para legalizar lo que ya existía bajo cuerda.
Más importante era la participación de los curas en la política. Lo hacían ya durante los gobiernos del PRI, aunque en las elecciones nunca estaba claro si a favor o en contra de éste. Dependía.
Jorge Medina Viedas
(v.pág.15 del periódico Público del 18 de enero de 2009).

En tiempos del maximato de Calles, dos de sus hijos eran diputados y operaban políticamente bajo las órdenes de su padre.
Alguno de ellos se atrevió a hacer un comentario sobre la posibilidad de emular al papá y ahí se les cayó el teatrito. Las iniciativas que presentaban en el Congreso de la Unión, particularmente las de no reelección de diputados y senadores (que antes se hacían sin "brincar" trienios) fueron obstaculizadas a tal grado que hubo un enfrentamiento serio entre los caciques que manejaban la política y el grupo que comandaba "el jefe máximo de la Robolución", como daban en llamar al sonorense.
Uno de los que desbarató las intenciones de los juniors de Calles fue el "Alazán Tostado", como se apodaba a Gonzalo N. Santos, quien relata en sus memorias (páginas 476 y 477) detalles del enfrentamiento con la que se creía nueva sangre real en México.
Cuando Manuel Avila Camacho ejercía su poder sexenal, su hermano mayor, Maximino, era el gobernador de Puebla. Algunos consideraban al "big brother" un verdadero gandul, y valido de su desvergüenza, su irrefrenable ambición y "categoría" de hermano mayor, presionó a don Manuel para que lo hiciera "presidenciable". Así ocupó la cartera de secretario de Comunicaciones y Obras Públicas y se erigió en aspirante (sólo él se la creyó) a la "grande".
Maximino hizo hasta lo imposible por ser el candidato oficial, pero ni su hermano creía en él, menos la camarilla del partido que decidía quién sería "el bueno". Así, con todo y berrinches, amenazas y maledicencias, Maximino Avila Camacho se quedó con las ganas de establecer la sucesión presidencial vía familiar. Cayó en gran depresión y desprecio hacia su hermano menor cuando supo que "las fuerzas vivas" de la Robolución habían designado su candidato al entonces secretario de Gobernación, el veracruzano Miguel Alemán Valdés.
Otro caso donde la parentela ha ejercido de presidente de la República es el de Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del general don Lázaro.
El hoy "líder moral" del Perderé, pasó su infancia en Los Pinos, residencia oficial de los presidentes de México, misma que inauguró justamente como Primer Mandatario Lázaro Cárdenas del Río.
Hasta ahora todos los esfuerzos que ha hecho el ingeniero Cárdenas Solórzano por alcanzar la presidencia y regresar a retozar en Los Pinos han sido infructuosos. Sin embargo, su hijo, Lázaro Cárdenas Batell, es ya gobernador de Michoacán, cargo que también ocupó el hijo del general cuando todavía era priista y a pesar de haber nacido en el Detritus Defecal.
Hoy que Marta Sahagún de Fox ha soltado varios buscapiés respecto a las pretensiones del matrimonio Fox Sahagún de prolongarse en el poder otro sexenio han sido sólo eso: prolongaciones mentales de ambiciones inmoderadas de poder.
José Carlos Legaspi Iñiguez
(v.pág 5B de Ocho Columnas del 19 de enero de 2004).

Durante los años de la Revolución, tuvimos tres presidentes nombrados por la "Soberana Convención Revolucionaria" de Aguascalientes; pero, hasta donde recuerdo, ninguno de los tres se autonombraba "presidente legítimo". Claro que como "presidentes" desconocían la autoridad de Carranza, "primer jefe de la Revolución"; pero, insisto, no recuerdo que esos presidentes emplearan el adjetivo "legítimo". Creo, sin embargo, que los antecedentes más cercanos a López Obrador fueron Vasconcelos en 1929 y Almazán en 1940.
Vasconcelos fue el contrincante del primer candidato del PRI, o del PNR para ser exactos. Era de personalidad arrolladora, talla continental, pensador y escritor. Su oponente, el ingeniero y general Pascual Ortiz Rubio, era un profesional mediocre, de personalidad gris a más no poder, militar cuyos restos debían haber reposado como soldado desconocido, puesto que nunca hizo nada digno de mención. Pasaría a la historia como "El Nopalito", por verde y baboso. Vasconcelos avasalló a la juventud universitaria. No pocos de sus partidarios fueron asesinados: el naciente partido de Calles no iba a permitir que su primer candidato perdiera la elección. Nadie duda que en las elecciones el fraude fue descarado y monumental. Hubo muertos y heridos a lo largo y ancho del país. Oficialmente el PNR ganó por amplísimo margen. Vasconcelos se autoproclamó presidente legítimo y llamó al pueblo en su apoyo y, algo increíble en un hombre con fama de inteligente y sensato, lanzó el Plan de Guaymas, en el que establecía que en la república no había más autoridad legítima "que el señor licenciado José Vasconcelos, electo por el pueblo en los comicios del 17 de noviembre de 1929". Luego se establecía que "el ciudadano que en cada uno de los estados de la república tome el mando de las fuerzas que expulsarán a los detentadores del poder público procederá a organizar a éste de acuerdo con la Constitución federal, a reserva de que sus actos reciban la ratificación del presidente legítimo de la república". El artículo quinto del plan es increíble: "El pueblo designará libremente en cada municipio a los ciudadanos que deban encargarse de la Administración Municipal. El presidente electo se dirige al extranjero, pero volverá al país a hacerse cargo directo del mando tan pronto como haya un grupo de hombres libres armados que estén en condiciones de hacerse respetar".
En 1940, el candidato del PRM era Manuel Avila Camacho, y adversario Juan Andrew Almazán. El fraude fue también monumental y muy ilustrado por el cínico Gonzalo N.Santos en sus Memorias, libro muy extenso que sólo se puede leer poco a poco, porque es tan asqueroso que hace falta un estómago a toda prueba para soportar la desfachatez del político potosino, que se regodea narrando las elecciones de 1940: cómo llegaban con ametralladoras a amedrentar a los votantes. Oficialmente se decretó la victoria de Avila Camacho. Para el pueblo el vencedor indiscutible había sido Almazán; pero inexplicablemente, el 26 de noviembre de 1940, Almazán "renunció" a la presidencia de la república, con lo que se deduce que se había sentido "presidente legítimo".
Si mal no recuerdo, en 1991, el doctor Nava se proclamó "gobernador legítimo de San Luis Potosí", y después de "la caída del sistema", en 1998, Manuel Clouthier se dijo "presidente legítimo", aunque sin los excesos de AMLO.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 24 de noviembre de 2006).

Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 29 de septiembre de 2005).

Durante la mayor parte de nuestra historia política, el ejercicio del poder público ha estado bajo la influencia de experimentados militares, comenzando con la independencia, hasta que a mediados del siglo XX el gremio militar cedió el relevo a una nueva generación de profesionales civiles que no habían vestido uniforme: los abogados políticos. Los "Cachorros de la Revolución" se les llamó en su debut.
Después de la Revolución de 1910, aún bajo el estandarte de "Sufragio efectivo, no reelección", el poder del país seguía rotándose entre las manos de la clase militar. Hasta que en 1955 fue fundado un partido político por un grupo de veteranos de la Revolución Mexicana que ya no encontraban acomodo en el ahora dominante Partido Revolucionario Institucional, donde ya disponía la nueva generación. Destacados generales revolucionarios encontraron allá una ocupación gracias al último presidente de estirpe militar, Adolfo Ruiz Cortines, quien sostuvo aquel partido, oficialmente independiente, pero que en la práctica secundara sus acciones de gobierno, salvándole así la cara al gremio cuya influencia y poder se disminuía cada día más.
Por su parte, el proyecto cardenista impulsó al México político moderno. En términos sencillos, nuestra revolución significó haber pasado de una dictadura personal a una "dictadura de partido". La "dictadura perfecta" de una democracia simulada. Lo que en un inicio fue el pleito sangriento entre caudillos, luego se volvió la tríada confabulante del Partido Oficial-Estado-Gobierno, cuyo sustento clave era la subyugación a la figura presidencial que todo dominaba.
Tras las crisis económicas del último cuarto de siglo, el timón de la república pasó del gremio político-legista hacia las profesiones económicas y luego a los empresarios. Ahora, en plena crisis económica, corriendo paralelamente a la rotunda ofensiva contra la violenta organización delincuente, las fuerzas armadas aparecen nuevamente en la vida cotidiana del país.
El Ejército Nacional es la institución más estable (junto al Banco de México quizás) del estado mexicano. Los años que el Ejército ha pasado en segundo plano han sido bien dedicados a las actividades de protección civil, principalmente atendiendo los desastres naturales y contribuyendo a proteger los recursos forestales del país (especialmente en programas de reforestación y combate al fuego). Ahora parece que se acerca cada día más a llenar la vacante de una guardia nacional ausente. Una vocación nada fácil de cumplir sin aprietos.
Norberto Alvarez Romo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de febrero de 2009).

Luis Echeverría, que como secretario de Gobernación en el sexenio de Díaz Ordaz era el enlace oficial de Scott, también fue seducido por el legendario espía. Le sirvió expulsando a casi 2 decenas de diplomáticos soviéticos del país, y frenando a cubanos y europeos del este. Pero cuando apoyó el ingreso de China a la ONU, el presidente Richard Nixon lo amenazó por teléfono si continuaba con el respaldo. Echeverría, en un gesto típico, se la jugó con China. Nixon no tomó ninguna represalia, pero menos de 2 meses después de haber dejado la Presidencia, "The Washington Post" publicó cómo y por cuánto tiempo, Echeverría había cobrado en la nómina de la CIA.
José López Portillo, que después del desastre económico de Echeverría llegó mejor arropado con los estadounidenses, pronto vio su suerte. James Schlesinger, el secretario de Energía, negoció con majaderías y los pies sobre la mesa el acuerdo de gas natural, y luego no le gustó a Washington el respaldo a la guerrilla salvadoreña. Menos aún que legalizara a la izquierda, y en vísperas del trámite legislativo sucedieron una serie de atentados y un trágico secuestro atribuido a la guerrilla, que dejó sembrada la sospecha del verdadero origen, por la analogía italiana donde cada vez que se acercaba un pacto entre comunistas y democristianos, algo terrible sucedía que lo frustraba -como el secuestro y asesinato de Aldo Moro- estando siempre la mano de la CIA detrás.
Miguel de la Madrid sufrió por Centroamérica. Un emisario de Ronald Reagan llegó a México para avisarle que la invasión a Nicaragua sería cuestión de días. De la Madrid ordenó una ofensiva diplomática que lo evitara, aceleró a Contadora, por lo que el secretario de Estado, George Shultz, trató a gritos y manotazos al canciller Bernardo Sepúlveda, sin lograr intimidarlo. Pero se la cobraron. En vísperas de una visita de estado a Washington, el columnista Jack Anderson publicó en "The Washington Post" y otros 400 periódicos sobre una supuesta fortuna de origen ilegal del presidente en Suiza, de 250 millones de dólares.
Carlos Salinas decía que del cómo se tratara a Estados Unidos, resultaría en otro tipo de relación bilateral. Así lo hizo, y estableció una estrechísima relación -hasta la fecha con George Bush padre-, y amarró con Bill Clinton el Tratado de Libre Comercio. Pero cuando el PRI ayudó con camisetas y lápices al Frente Sandinista de Liberación Nacional, el embajador John D.Negroponte le protestó al superasesor presidencial José Córdoba, y el jefe de la CIA, Morton Palmer, hizo lo mismo con el secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios. Acto seguido, le filtraron a "The New York Times" una información magnificada para desprestigiar al gobierno salinista.
Ernesto Zedillo entró con una crisis financiera y acudió por la ayuda de Clinton. Por razones de seguridad nacional, lo respaldó y le recetó el Consenso de Washington. Zedillo no tuvo mayor problema en seguir el libreto, y en agradecimiento posterior, lo colocaron en más de 10 consejos de administración, avalaron su entrada a la ONU y le dieron el respaldo para un cargo de relevancia que le ofreció la Universidad de Yale. Vicente Fox, que parecía que tendría otro derrotero con su par George Bush hijo, vio su naufragio el 11 de septiembre de 2001, cuando se olvidaron por completo de la empatía de los vaqueros, le enviaron sin avisarle decenas de agentes tras los atentados terroristas y luego difundieron que uno de sus principales miembros del gabinete, protegía al cártel de drogas más violento.
Raymundo Riva Palacio
(v.pág.6-A del periódico El Informador del 15 de abril de 2009).

Federico Berrueto
(v.pág.2 del periódico Público del 28 de junio de 2009).

En 2 siglos de vida tampoco hemos derrotado a la ineficiencia. Si la colonia que fuimos inventó el "obedézcase, pero no se cumpla", el país independiente creó una amplia red de impunidades y burocracias para dejar de hacer, mientras se discute obsesivamente qué vamos a hacer. John Coatsworth vio que si "en 1800, México producía más de la mitad de los bienes y servicios que producía Estados Unidos, hacia 1877 México generaba apenas 2% de la producción que salía de las fábricas y del campo del coloso del norte". Y hoy, casi todo nuestro desempeño económico depende ya de lo que suceda en la economía de Estados Unidos. En 1810 escapamos de España, pero no de nuestros propios errores.
Y es probable que el más grave de todos sea la persistencia de la corrupción y de la inseguridad: 2 males que han ido juntos desde un principio.
Mauricio Merino, profesor investigador del CIDE
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 6 de enero de 2010).

Llamar mexicanos a los habitantes de la Nueva España es una licencia de lenguaje. México no era entonces sino un fantasma en busca de territorio.
El país de 1810 que hoy llamamos México era un gigante territorial y un enano demográfico: una aglomeración de etnias monolingües, con una minoría rectora hispanohablante y un "mercado libre de la carne" donde se incubaba la hibridez mestiza, astuta, huérfana, inmoral e invencible donde encarnó la nacionalidad mexicana, según Andrés Molina Enríquez*.
El México de 1910 era un país oprimido territorialmente por un vecino pujante que empezaba a ser una potencia mundial.
Héctor Aguilar Camín
(v.pág.4 del periódico Público del 8 de enero de 2010).
Fue en 1821 cuando se firmó el acta de Independencia (de España) que dio origen a nuestro país.
Agustín de Iturbide, quien junto con Vicente Guerrero había consumado la Independencia, se proclamó emperador de 1822 a 1823, hasta que fue derrocado.
En 1824 se promulgó la primera constitución del México independiente, que le dio estructura jurídica a la nueva nación; documento inspirado en la constitución liberal de Cádiz, España, jurada en 1812.
De 1824 a 1829 estuvo en funciones el primer Presidente de la República Mexicana, José Miguel Ramón Audaucto Fernández Félix (alias Guadalupe Victoria).
De 1833 a 1855 el país padeció la dictadura de su "Alteza Serenísima", Antonio López de Santa Anna, quien ejerció el poder durante once periodos.
En esa época, México padeció la guerra con Estados Unidos, declarada por el Presidente estadounidense James J. Polk, el 25 de abril de 1846, por la disputa del territorio de Texas. Ese conflicto terminó el 10 de marzo de 1848, con la firma de los Tratados de Guadalupe Hidalgo, en los que nuestro país fue despojado de la Alta California, Nuevo México y Texas, a cambio de 15 millones de dólares.
En 1855 Juan Alvarez puso fin a la dictadura de Santa Anna. Con él llegaron los hombres de la Reforma: Benito Juárez, Melchor Ocampo, Guillermo Prieto e Ignacio Comonfort.
Gobernó Comonfort de 1856 a 1858. Su secretario de Hacienda, Sebastián Lerdo de Tejada, promulgó el 25 de julio de 1856 la Ley de Desamortización de los Bienes en Manos Muertas, para confiscar las riquezas del clero. En 1857 se promulgó la segunda Constitución Política en la historia de México.
Benito Juárez llegó al poder en 1858. Se inició la Guerra de Reforma, entre conservadores y liberales. La guerra terminó el 22 de diciembre de 1861, cuando el General conservador Miguel Miramón fue derrotado en Calpulalpan, Estado de México.
En 1859 Juárez expidió las Leyes de Reforma, que separaron Iglesia y Estado; nacionalizó los bienes del clero y estableció la ley civil sobre el matrimonio.
Juárez se mantuvo en el poder hasta su muerte en 1872, pero durante su periodo resistió y combatió la intervención francesa, iniciada en 1861 y enfrentó al Segundo Imperio, de Maximiliano de Habsburgo, apoyado internamente por los conservadores y externamente por el Gobierno de Francia.
El imperio de Maximiliano llegó a su fin con la derrota de sus ejércitos en las inmediaciones de Querétaro, donde el emperador fue fusilado junto con los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, el 15 de mayo de 1867.
Sebastián Lerdo de Tejada sustituyó a Juárez en 1872. Lerdo se reeligió en 1876, pero fue derrocado por Porfirio Díaz, quien se quedó en el poder durante ocho periodos, hasta que fue depuesto en 1911.
El 6 de noviembre de 1911 Francisco I. Madero fue electo Presidente. El 9 de febrero de 1913 se levantaron en armas Félix Díaz y Bernardo Reyes. Los rebeldes tomaron prisioneros al Presidente Madero y a su vicepresidente José María Pino Suárez, quienes fueron asesinados el 22 de febrero de 1913.
Venustiano Carranza fue el primer Presidente electo después del triunfo de la Revolución y gobernó de 1917 a 1920.
La Revolución fue institucionalizada con la fundación del Partido Nacional Revolucionario en 1929, durante el "maximato" de Plutarco Elías Calles.
Calles fue Presidente de 1924 a 1928, pero se mantuvo detrás del poder durante los regímenes de Emilio Portes Gil (1928-1930), Pascual Ortiz Rubio (1930-1932) y Abelardo Rodríguez (1932-1934).
Basado en artículo de Pedro Mellado
(v.pág.3B del periódico Mural del 2 de julio de 2003).
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.19 del periódico Público del 9 de enero de 2004).
Tal principio, muchos mexicanos piensan que lo inventó Panchito Madero, pero no: resulta que lo inventó y colocó en la Constitución el señor general don Porfirio Díaz. Luego se ingenió para modificar ese principio y después de plano lo suprimió: así es la política.
Jesús Gómez Fregoso, historiador y académico de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 22 de junio de 2004).
Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 22 de octubre de 2005).
La cuarta estrofa le cantaba alabanzas al guerrero inmortal de Zempoala, que era nada menos que don Antonio López de Santana; y la séptima estrofa, que empezaba diciendo: "De Iturbide la sacra bandera, mexicanos valientes seguid..." y ya ve usted que el señor Iturbide no es muy bien visto en la historia de México.
Ricardo Espinosa
(v.pág.14-B del periódico El Informador del 5 de diciembre de 2006).
Francisco Javier Morales Aceves
(v.pág.6/A del periódico El Occidental del 15 de marzo de 2004).
Alamán registra ahí, con lucidez admirable, el problema de diseño institucional que explica medio siglo de desastres de la nación independiente: una mala mezcla constitucional del asambleísmo revolucionario francés, la desconfianza al monarca de los "sombríos y melancólicos" legisladores de las Cortes de Cádiz y el modelo del presidencialismo norteamericano, cuya figura fue trasplantada a la naciente República mexicana en todo me- nos en los poderes que le permiten a ese presidente gobernar y defenderse del congreso.
Por ejemplo: el poder de nombrar a todo su gabinete, incluidos los militares, el poder de vetar los excesos del congreso y de proponer y nombrar a los miembros de la Suprema Corte, lo que inclina hacia su causa al poder judicial.
La mezcla dio como resultado congresos ingobernables y presidentes débiles sujetos por igual al populismo de las asambleas y a la rebelión de los militares, los caudillos y los gobiernos locales.
La Constitución de 1857 repitió el diseño de una presidencia frágil que obligó al poder ejecutivo -Juárez primero y Porfirio Díaz después-, a buscarse por otros medios el poder que las leyes no les daban. Emilio Rabasa describió como nadie el proceso de perversión política derivado de un mal diseño constitucional en su libro clásico La constitución y la dictadura.
La transición democrática de fines del siglo XX, la pérdida de la mayoría priista en el congreso en 1997 y la derrota presidencial del PRI en el año 2000, dejaron ver que los poderes desmesurados de que gozaban los presidentes mexicanos eran hijos de la política, no de las leyes: no estaban en la Constitución, sino en la hegemonía del PRI.
Perdida la hegemonía del PRI, la Presidencia ha vuelto a mostrarse como un poder débil, en un entorno de otros poderes, fácticos y constitucionales, capaces de obstruirlo, y de poderes locales de autonomía sin contrapesos.
De los gobiernos débiles no ha salido nada bueno en nuestra historia política bicentenaria. De los fuertes, a la larga, tampoco porque su base de arbitrariedad termina haciéndolos vulnerables también.
Héctor Aguilar Camín
(v.pág.4 del periódico Público del 24 de julio de 2009).
| Nombre | Forma de muerte |
| Agustín de Iturbide | Fusilado |
| Vicente Guerrero | Fusilado |
| Manuel Robles Pezuela | Fusilado |
| Miguel Miramón | Fusilado |
| Alvaro Obregón | Asesinado |
| Nombre | Forma de muerte |
| Maximiliano | Fusilado |
| Benito Juárez | Muerte natural |
| Miguel Barragán | Muerte Natural |
| Francisco I. Madero | Asesinado |
| Venustiano Carranza | Asesinado |
| Nombre | Lugar de sepultura |
| Maximiliano | Viena |
| Porfirio Díaz | París |
| Juan Bautista Ceballos | París |
| Francisco León de la Barra | Biarritz |
| Victoriano Huerta | El Paso |
| Nombre | Períodos | Tiempo efectivo de gobierno |
| Antonio López de Santa Anna | 11 | 6 años |
| Porfirio Díaz | 8 | 31 años |
| Benito Juárez | 5 | 14 años |
| Nombre | Edad |
| Miguel Miramón | 27 años (el más joven) |
| José Ignacio Pavón | 69 años (el más viejo) |
| Nombre | Edad |
| Miguel Miramón | 29 años (el más joven) |
| Porfirio Díaz | 80 años (el más viejo) |
| Nombre |
| Guadalupe Victoria |
| Anastasio Bustamante |
| Pedro María Anaya |
| Ignacio Comonfort |
| Sebastián Lerdo de Tejada |
| Francisco S. Carbajal |
| Francisco Lagos Cházaro |
(V.pág.5D del periódico Mural del 2 de julio de 2003).
| Estado | Nombre |
| Distrito Federal | Mariano Paredes y Arrillaga José Mariano Salas Manuel de la Peña y Peña Manuel María Lombardini Rómulo Díaz de la Vega Miguel Miramón José María Iglesias Pedro Lascuráin Paredes Luis Echeverría Alvarez José López Portillo y Pacheco Carlos Salinas de Gortari Ernesto Zedillo Ponce de León Vicente Fox Quesada |
| Veracruz | Antonio López de Santa Anna Francisco Javier Echeverría José Joaquín Herrera Sebastián Lerdo de Tejada Francisco Lagos Cházaro Miguel Alemán Valdés Adolfo Ruiz Cortines |
| Coahuila | Melchor Múzquiz Francisco I. Madero Venustiano Carranza Eulalio Gutiérrez Roque González Garza |
| Sonora | Félix María Zuloaga Adolfo de la Huerta Alvaro Obregón Salido Plutarco Elías Calles Abelardo L. Rodríguez Luján |
| Puebla | Martín Carrera Sabat Ignacio Comonfort Juan N. Méndez Manuel Avila Camacho Gustavo Díaz Ordaz |
| Michoacán | Anastacio Bustamante Juan Nepomuceno Almonte Pascual Ortiz Rubio Lázaro Cárdenas del Río Felipe Calderón Hinojosa |
| Guerrero | Vicente Guerrero Nicolás Bravo Juan Alvarez Benítez |
| Jalisco | Valentín Gómez Farías Justo Corro Victoriano Huerta |
| Tamaulipas | Manuel Gómez Pedraza Manuel González Emilio Portes Gil |
| Durango | Guadalupe Victoria Juan Bautista Ceballos |
| Oaxaca | Benito Juárez García Porfirio Díaz Mory |
| San Luis Potosí | Miguel Barragán Mariano Arista |
| Querétaro | Francisco León de la Barra |
| Aguascalientes | José María Bocanegra |
| Campeche | Francisco Carvajal |
| Colima | Miguel de la Madrid Hurtado |
| Guanajuato | Manuel Robles Pezuela |
| Hidalgo | Pedro María Anaya |
| Estado de México | Adolfo López Mateos |
| Nuevo León | Valentín Canalizo |
| Zacatecas | Pedro Vélez |
La mayoría de los presidentes fueron descendientes de españoles como Agustín de Iturbide [emperador], Sebastián Lerdo de Tejada, Manuel González y Vicente Fox, pero también hubo de extracción indígena: Benito Juárez, zapoteca, Porfirio Díaz, mixteco y Victoriano Huerta, huichol.
De ascendencia judía: Francisco I. Madero y Plutarco Elías Calles; a Miramón se le atribuye origen francés, mientras que a Comonfort no se deciden entre galo y catalán. José López Portillo tuvo raíces alemanas en el Weber de su abuelo y de la Madrid, suizo por el apellido Oldenbourg.
(V.pág.10-A del periódico El Informador del 1o.de septiembre de 2004).
Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de diciembre de 2007).
Tres horas de tensión.
La Revolución en México
Ancient Mexico
Instituto Nacional de Antropología e Historia
Museo de Historia Mexicana
Arqueología Mexicana
Mundo Maya
Salvador Borrego
José Herrera Peña

Regreso a mi página base
